Escaños para el voto en blanco

Debo andar despistado. Se me pasó comentar en la entrada anterior una cuestión importante como ha sido el fenómeno del voto en blanco en las elecciones al Parlamento de Catalunya. El pasado 1 de noviembre 60.025 personas -un 2,03% de los votantes- votaron en blanco cuando en las anteriores elecciones autonómicas, celebradas en 2003, solo lo hicieron un 0,91%. A las últimas elecciones concurrían 23 formaciones políticas, y si el voto en blanco respondiera a unas siglas, ahora sería el séptimo partido más votado y hubiese obtenido representación parlamentaria. Es un voto que, lo mismo que el aumento en la abstención, apunta un desencanto creciente de la ciudadanía para con los políticos y las instituciones, pero un voto que merece mucho más respeto y consideración que la simple abstención. Quisiera unirme desde aquí a aquellos que últimamente, a modo de idea de ruptura, propugnan que los votos en blanco sean tenidos en cuenta a la hora de determinar el reparto de escaños. Creo que sería muy sano que en esta legislatura, en el parlamento catalán se quedasen permanentemente vacíos un par de escaños - los que corresponderían a esos sesenta mil votos en blanco-. Aparte de un ahorro para las arcas públicas sería un buen recordatorio para los diputados de que deben ejercer su papel con prudencia, responsabilidad, honestidad y primando el interés público sobre intereses partidistas o personales. Seguro que muchos de los debates parlamentarios cambiarían de tono. La evolución del voto en blanco sería entonces uno de los mejores indicadores de la "salud" del sistema.

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