Britannia rule the waves?

De pequeño disfrutaba con las películas que narraban las gestas del ejercito británico. La carga de la brigada ligera en Balaclava, el sitio de Khartoum, la derrota ante los zulues en Insandlwana y los combates aereos de la Batalla de Inglaterra se contaban entre mis episodios favoritos. Los militares ingleses aparecían como unos tipos elegantes que lucían bigotillo y fumaban en pipa, pero que no dudaban en matar o en dejarse matar para mayor gloria de su imperio. Eran otros tiempos, como ha quedado de manifiesto tras la reciente captura de un grupo de marinos británicos por parte de tropas iraníes en el Golfo Pérsico. Hemos podido leer en diferentes medios las "insoportables torturas" a las que fueron sometidos antes de que confesaran que se encontraban en aguas iranies en el momento de ser capturados. Les pusieron de cara a la pared, les amenazaron con siete años de carcel, a uno un carcelero le apretó el cuello "con sus dedos pulgar e índice" y parece ser que a la única mujer del grupo le hicieron que se visitiera con un pijama mugriento y le dijeron que si no confesaba no volvería a ver a su hijita. Vamos, que ni en una película de Chuck Norris. En otros tiempos se les habría tildado de traidores y habrian tenido que enfrentarse a un consejo de guerra. Hoy, sin embargo, son poco menos que héroes y se les permite vender la exclusiva de su historia por varios miles de libras.

Este suceso es un sintoma de cómo han cambiado los valores de la sociedad occidental en las úlltimas décadas, un cambio al que no es ajeno el mundo de la empresa. La abundancia, la seguridad y el bienestar material que nos rodea nos ha ido ablandando. En la era de la calidad de vida si hablas de disciplina, sacrificio, paciencia o trabajo duro te miran como a un marciano. Preocupa en especial la juventud. Los padres y los educadores criamos a los niños entre algodones, no vayan a "traumatizarse". No se les castiga, ni se les grita, ni se les tira de las orejas, como nos hacían a nosotros en el cole. Todo lo que quieren lo quieren ya, y lo que es peor, lo consiguen con muy poco esfuerzo. Y cuando no lo consiguen, a unos les entra la "depre" y otros reaccionan con violencia. Me pregunto a dónde nos puede llevar esta tendencia. Que la tolerancia de las nuevas generaciones a la incertidumbre, la adversidad y la frustración sea cada vez menor es un problema especialmente serio en un mundo como el actual, cada día más cambiante e imprevisible.
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