jueves, 23 de diciembre de 2010

Los 10 posts más leídos en 2010

Después de un año intenso toca cerrar por unos días. Me despido con la lista de los diez posts más leídos en los últimos doce meses atendiendo al criterio de "vistas de página únicas" (unique pageviews):

Un vídeo de Daniel Pink donde argumenta como la creencia de que "a mayor recompensa mejor rendimiento" es una falacia en la economía del conocimiento.

Cinco argumentos por los que contratar personas que cambian con frecuencia de empleo puede tener ventajas para una empresa. 

Transparente, plano, competitivo, bajo pedido. Así es cómo ven desde oDesk, una plataforma para la contratación de freelancers, el futuro del trabajo. 

Destinado a sensibilizar sobre las ventajas del reclutamiento 2.0 a aquellas empresas que siguen buscando y seleccionando a sus nuevos empleados tal como lo vienen haciendo desde hace veinte años. 

Cuáles son los rasgos que, en mi opinión, deberían tener en común los líderes de las organizaciones 2.0.

Innovación y tendencias. Mi comentario sobre uno de los libros con los que me hice este año con ocasión del día de Sant Jordi.

El uso de medios sociales para seleccionar personas también tiene sus riesgos: cuáles son los límites que no se deberían traspasar.

Cómo se las arregla Pixar para seleccionar personas para desempeñar trabajos que nunca nadie ha desarrollado antes.

Cuáles pienso que van a ser las tres principales tendencias que marcarán la evolución de las relaciones de empleo en los próximos años.

De cómo muchos directivos del área de RR.HH. ven las redes sociales como una amenaza para la productividad de los empleados de su empresa más que como una oportunidad para potenciarla.

Os agradezco a todos el interés y el tiempo que me habéis dedicado durante este año. Volvemos a vernos el 10 de enero. Hasta entonces os deseo que paséis unas muy felices fiestas.

Foto: George Deputee

lunes, 20 de diciembre de 2010

10 cuestiones a tener en cuenta a la hora de fijar objetivos

Llega la época del año en que muchas empresas emprenden la tarea de fijar objetivos de cara al ejercicio que comienza. Se trata de un proceso no exento de dificultades, que, si se toma a la ligera, puede acabar provocando comportamientos disfuncionales y, en último término, un efecto sobre el rendimiento de la organización contrario al inicialmente deseado. Sin embargo, no siempre se le presta a este proceso la atención que merece. Sobre esta cuestión hace poco leía un articulo en IESE Insight donde se resumen las conclusiones de un estudio sobre prácticas de establecimiento de objetivos en el Reino Unido que han llevado a cabo tres profesores de la Cranfield School of Management. Aunque se centra en el establecimiento de objetivos para fuerzas de ventas, creo que sus conclusiones son extrapolables a los demás ámbitos de la organización.

El estudio evidencia la falta de satisfacción de los empleados afectados con el proceso de establecimiento de objetivos. En concreto, sólo un 15% de los vendedores que participaron en el estudio dijeron estar satisfechos con sus objetivos de rendimiento, y más de la mitad señalaron que esos objetivos tienen consecuencias negativas en su comportamiento. Un problema serio, entre cuyas causas los autores del estudio apuntan los siguientes diez factores:


PRIMERO.- Sabiendo que los objetivos del siguiente año se van a fijar en base a los resultados del anterior, hay empleados que pueden sentirse incentivados a no dar todo lo que podrían dar de sí mismos este ejercicio, para evitar ser penalizados por unos objetivos excesivamente ambiciosos en el siguiente período.

SEGUNDO.- En otras ocasiones se establecen metas uniformes para todos los empleados, sin tener en cuenta los diferentes contextos en que los empleados tienen que desarrollar su actividad. En consecuencia, algunos empleados pueden sentirse molestos ante la sensación de que los objetivos de algunos de sus compañeros son mucho más fáciles que los suyos.

TERCERO.- A veces el problema deriva de que los objetivos no son realistas. En ocasiones son excesivamente ambiciosos, lo que puede desmotivar a los empleados, o incluso plantearles la tentación de manipular los números; mientras que en otras son demasiado fáciles, con lo que se acaban pagando incentivos sin que se haya producido ninguna mejora en su rendimiento.

CUARTO.- En algunas organizaciones se siguen fijando objetivos y utilizando sistemas de incentivos vinculados a indicadores que pueden haber dejado de ser relevantes para la estrategia de la empresa, con lo que puede producirse una falta de alineamiento entre el comportamiento de los individuos y las que deberían ser las prioridades del negocio.

QUINTO.- Otras veces el problema se deriva de que los objetivos que se establecen ahora permanecen inmutables durante todo el período, con lo que pueden perder todo su efecto incentivador si no se revisan y adaptan en caso de que se produzcan cambios en el contexto competitivo o las circunstancias de la organización.

SEXTO.- En ocasiones los objetivos y los incentivos asociados a ellos están vinculados en exceso a indicadores de naturaleza financiera, sin tener en cuenta otros -por ejemplo, el servicio a clientes- de los que depende el éxito de la organización a más largo plazo.

SÉPTIMO.- En algunas organizaciones los datos que se usan como base para establecer objetivos no son analizados de una forma suficientemente rigurosa, lo que puede llevar a conclusiones superficiales y previsiones inexactas.

OCTAVO.- En otras empresas el proceso de establecimiento de objetivos se considera un flujo unilateral de caracter descendente, que se produce sin ninguna participación de quienes deberán convertirlas en una realidad, por lo que su compromiso con esos objetivos nunca será el mismo que si su input hubiese sido tenido en cuenta.

NOVENO.- Existe la tendencia de que los incentivos de todos los empleados de una determinada función dependan, en la misma proporción, de los mismos indicadores, cuando la realidad de sus zonas o sus carteras de clientes pueden justificar que la importancia relativa de cada indicador, o incluso los propios indicadores empleados, sean distintos.

DÉCIMO.-Muchas veces no se tienen en cuenta las relaciones de interdependencia que existen dentro de cualquier organización, con lo que se corre el riesgo de establecer objetivos cuya falta de consistencia los hace irrealizables desde el mismo momento de su establecimiento.

En definitiva, diez puntos sobre los que reflexionar ahora que para muchos todavía no es demasiado tarde.

Foto: Roadsidepictures

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Cómo valorar la capacidad de innovación de un candidato

Ser innovador es tener nuevas ideas, pero no sólo eso.  Además hay que ser capaz de transformar esas ideas en realidades que satisfagan necesidades concretas. Es decir, si una idea no puede llevarse a la práctica no puede hablarse de innovación. Así de simple. 

Sin embargo, muchas empresas que dicen buscar "talento innovador" a veces se olvidan de esto. En sus procesos de selección procuran valorar en qué medida los candidatos poseen ciertas cualidades que influyen en su capacidad de generar nuevas ideas pero pasan por alto que esas cualidades no constituyen necesariamente predictores de su capacidad de convertir esas ideas en una realidad que acabe generando ingresos para la empresa. 

En este sentido, hace unos días, Pete Maulik, COO de Faherenheit 212, una consultora de innovación neoyorquina, nos proponía en una entrada en el blog de la Harvard Business Review The Conversation estos dos interesantes ejercicios que pueden ser de ayuda:

Ejercicio 1: Y tú, ¿cómo lo harías?

Tras el correspondiente briefing, se pide al candidato que defina una estrategia que de respuesta a un problema real, y que presente esa estrategia a un grupo de personas implicadas en el mismo como si la estuviese presentando al primer ejecutivo de la compañía. Permite evaluar no sólo la calidad de su razonamiento, sino también su capacidad de vlorar el potencial de la idea y de anticipar las dificultades que previsiblemente se encontrará en su ejecución.

Ejercicio 2: "Tú en una botella"

Se pide al candidato que invente una "bebida" basada en sus cualidades personales y proponga cuál podría ser el mejor posicionamiento de esa "bebida" en el mercado. Este ejercicio sirve para entender hasta qué punto el candidato se conoce a sí mismo, pero también su habilidad para capitalizar su talento y, en último término, para detectar en qué mercado su producto puede convertirse en un negocio.

Además, dependiendo de como se planteen, a través de ambos ejercicios puede medirse también la capacidad de los candidatos de persuadir a sus interlocutores y hacer frente a las objeciones que planteen a sus dieas, algo que también tiene su importancia a la hora de conseguir que se lleven a la práctica.

Foto: OnInnovation

viernes, 10 de diciembre de 2010

El perfil del nuevo líder

Aunque hoy todo el mundo parece apuntarse al carro de lo "2.0", una cosa es lo que se dice y otra muy distinta lo que se hace. Empezando por como ejercen el liderazgo muchos directivos y empresarios, que siguen aplicando fórmulas trasnochadas, que cada día encajan peor con los cambios que experimentan la sociedad y los mercados, y con las capacidades y valores que definen la que debería ser la esencia de toda "organización 2.0". En este sentido, con independecia de que cada empresa desarrolle y proyecte en el mercado una "marca de liderazgo" diferenciada -tal como propugan Ulrich y Smallwood,- pienso que el contexto organizativo de las empresas 2.0 exige unos líderes que tengan ciertos rasgos en común. En concreto los siguientes:

Visión de futuro

El líder de una organización 2.0 no está anclado en el ayer, sino que mira al futuro. Su prioridad es asegurar que toda la organización esté alineada con la visión que persigue la empresa, y que ese camino se recorra lo más rápido posible. Es así, entre otros motivos, porque en la nueva economía el éxito a menudo pasa por dar con soluciones innovadoras y llevarlas al mercado antes que otros, para, de este modo, conseguir unas economías de red que aumenten los costes de sustitución y, en consecuencia, compliquen las cosas a posibles competidores.

Mérito

En una organización 2.0, que lo sea de verdad, el poder está distribuido y el “ordeno y mando” no funciona. En consecuencia, el líder lo es en tanto el conjunto de la organización entiende que es quien más valor aporta en dicha posición, por lo que, en el momento que surja alguien que pueda añadir más valor como líder, el anterior deberá dejarle paso.

Autenticidad

Se preocupa de que exista la máxima coherencia entre sus palabras y sus hechos. Sabe que todos los miembros de la organización le observan y que, en un contexto 2.0, al líder que solo vende humo se le “ve el plumero” enseguida. Además, cualquier discrepancia entre su discurso y sus acciones será amplificada, y podrá ser objeto de las más diversas interpretaciones, causando pérdidas de credibilidad, pero también desorientación sobre cuál es el rumbo y cuáles los valores que en realidad se quieren fomentar en la empresa.

Apertura

Pero no sólo hace lo que dice. También dice lo que hace. Comparte la información y se muestra próximo y accesible. Explica el por qué de sus decisiones, informa tanto de los éxitos como de los fracasos, y reconoce sus errores. Es consciente de que la transparencia es la única alternativa, pero, al mismo tiempo, sabe que hay que hacer más ruido que antes para captar la atención de las personas. Desafía a la organización para que elimine cualquier obstáculo que dificulte la comunicación, y para que se abra al mundo.

Diálogo

En la economía de la información y el conocimiento una comunicación unidireccional no basta. Precisamente, una de las prioridades del líder de una empresa 2.0 es el desarrollo de la inteligencia colectiva de la organización que, más que del cociente intelectual de cada uno de sus miembros, depende de la capacidad de éstos de relacionarse y conversar entre sí y con su entorno. Unas conversaciones que, además de contribuir a la adaptabilidad de la organización en un entorno turbulento, al convertir su estrategia en una realidad emergente que se va ajustando y redefiniendo a medida que se ejecuta, también sirven para recibir feedback y así prevenir el “síndrome del emperador desnudo”.

Confianza

Es un líder que ha de conocerse bien y estar seguro de sí mismo. Su liderazgo no depende de lo que diga su tarjeta de visita, ni tampoco del tamaño de la organización que dirige. Además, tiene que asumir que en este nuevo escenario no va a poder tenerlo todo controlado y que, por tanto, tiene que confiar y dar autonomía a los miembros de la organización para que hagan su trabajo con la máxima libertad.

Valentía

Se atreve a cuestionar el status quo, los paradigmas, las formas de hacer de siempre. Habla claro, asume riesgos, explora nuevas vías, es capaz de salir fuera de su “zona de comodidad” y anima a todos los miembros de la organización a que se comporten de igual manera. Por otra parte, no le obsesiona cuáles sean las “mejores prácticas del mercado”, sino que aspira a más. Es un poco iconoclasta y está dispuesto a derribar estructuras, jerarquías y cualquier otro obstáculo que reste agilidad a la organización. Caiga quien caiga. Incluso si las decisiones son políticamente incorrectas o pueden poner en riesgo su propio futuro en la empresa.

Humildad

Reconoce sus propias carencias y está abierto a aprender cosas nuevas cada día, una inquietud por aprender que traslada al resto de la organización. Sabe que las mejores ideas pueden surgir en cualquier rincón de la organización, o venir de fuera. Asume que las fórmulas y las capacidades que le han traído a la posición de liderazgo que ocupa hoy no tienen por qué seguir siendo válidas en el futuro.

Humanismo

Finalmente, ese líder tiene una especial sensibilidad humana. Entiende que las empresas están hechas de redes de relaciones que configuran comunidades de personas, únicas y libres, a las que hay que tratar con el respeto y la dignidad que se merecen. Así, es sensible a las diferentes motivaciones –extrínsecas, intrínsecas, o trascendentes- que mueven a la acción a cada una de ellas. Es consciente, por ejemplo, de que los nativos digitales traen consigo nuevos valores y nuevas formas de entender el mundo, pero también que no puede tratar a sus empleados más senior como si perteneciesen a la “generación Y” ni intentar que se comporten como tales. Sabe, en suma, que el “café con leche para todos” hace tiempo que no funciona.
 
Foto: dalbera

viernes, 3 de diciembre de 2010

Portales de empleo más sociales, inteligentes y globales: Ahora o nunca

En una entrada anterior hablaba de como los avances tecnológicos -en particular el desarrollo de la Red 2.0- están cambiando las reglas del mercado de trabajo, y como los intermediarios en ese mercado están obligados a adaptarse a ese nuevo escenario. Me refería en partícular a los headhunters y a las agencias de selección. Sin embargo, éstos no son los únicos intermediarios del mercado de trabajo que necesitan adaptarse a los nuevos tiempos. 
 
Los portales de empleo tradicionales, que hace una década revolucionaron el mundo del reclutamiento y la selección, también necesitan sufrir una mutación si no quieren que las redes sociales les coman el terreno, tal como sucedió entonces, cuando su propuesta desterró el ritual dominical de revisar la sección de empleo de los periódicos. 
 
Hoy ya no basta con aportar al mercado unas bases de datos de candidatos y de ofertas más o menos extensas. A medida que vayan descubriendo el potencial de las redes sociales online para ofrecer y encontrar empleo, empresas y candidatos esperarán de esos portales, como mínimo, lo que ya hoy pueden encontrar en esas redes. Así, por ejemplo, la nueva generación de portales de empleo debería proporcionar espacios para la conversación, donde, más allá de subir información sobre lo que cada parte puede ofrecer a la otra, éstas puedan desarrollar relaciones y, a partir de ellas, conocerse en mayor profundidad. y, ¿por qué no?, aprender mutuamente. Además, tienen que ser más inteligentes que los portales actuales. Deberán perfeccionar sus herramientas de búsqueda, para facilitar que empresas y candidatos se encuentren; ayudarles a explotar e interpretar la información que se contiene en sus plataformas -incluida la que se pueda extraer de las conversaciones que mantengan en ellas-; y también a compararla o asociarla con otras informaciones sobre empresas o individuos que sea posible encontrar en la Red. Además, necesitan liberarse de las restricciones geográficas a las que actualmente están sometidos para reflejar mejor la realidad de un mercado de trabajo sin fronteras, cada día más globalizado. 
 
En definitiva, el mercado exige portales de empleo más sociales, más globales, más inteligentes. Y aunque observamos que los portales más consolidados dan pasos en esa dirección al tiempo que en el mercado surgen nuevas propuestas que "traen de serie" esos principios 2.0, tal vez aquí la gran duda sea si los portales actuales serán capaces de adaptarse, y los nuevos portales consolidar sus nuevas propuestas, antes de que sitios como Google, Linkedin, o Facebook, se conviertan en los principales lugares de encuentro entre oferta y demanda de empleo. Veremos.

Foto: horizons inesperats