Sin embargo la cuestión es mucho más profunda.
Podría parecer que, en un mundo dominado por la tecnología, la innovación, de la que hoy depende la competitividad de un número creciente de empresas, debería venir de la mano de ingenieros y científicos. Afortunadamente vamos tomando conciencia de que innovación -y por tanto competitividad- no es solo cuestión de técnica. La Comisión Europea así lo entendió cuando en 2009 decidió incluir el número de licenciados en Ciencias Sociales y Humanidades en un indicador del European Innovation Scoreboard -hoy Innovation Union Scoreboard- que hasta entonces sólo consideraba a los graduados universitarios en Ciencias e Ingeniería entre los factores determinantes de la capacidad de innovación de un país. Y es que la innovación surge en muchas ocasiones de la hibridación de conceptos procedentes de diferentes disciplinas, incluidas las Humanidades. En este sentido es un clásico el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en que, entre otras cosas, explica como haber hecho un curso de caligrafía es la causa de que el primer Mac incorporase una variedad de tipografías y espaciado proporcional entre caracteres.
Por otro lado, como ya señalábamos en la anterior entrada, todo apunta a que la diferencia ente una empresa y sus competidores cada vez más vendrá marcada por su capacidad de movilizar a su favor la creatividad, la iniciativa y el entusiasmo de las personas con las que trabaja; otro reto sobre el que no estaría de más contar con una perspectiva humanística.
Hemos de tener presente que a raíz de la revolución de los medios sociales Internet ha dejado de ser una red de ordenadores para convertirse en una red de personas, con lo que además de innovar en productos y procesos también hay que innovar en cómo se gestionan en las organizaciones las relaciones con y entre las personas. Como anticiparon los autores del Manifiesto Cluetrain los hipervínculos (la Red) está subvirtiendo las jerarquías. Están posibilitando que surjan nuevas formas de organización y conocimiento social, y las instituciones se ven forzadas a bajar de sus "torres de marfil" para establecer relaciones y conversar con sus clientes, pero también con sus empleados. Por otra parte, las empresas se están dando cuenta de que para escapar de la creciente comoditización tecnológica y sobrevivir en un entorno convulso no queda otra que invertir en adaptabilidad, y para ello nada mejor que potenciar y aprovechar la inteligencia colectiva de la organización, Un atributo que, a su vez, depende de las habilidades sociales y de la inteligencia emocional de sus miembros.
En esta línea más empresas están experimentando con fórmulas de trabajo colaborativo, a través de las cuales la organización "conversa" y el poder se distribuye. Se comienza a hablar de las empresas como comunidades de personas donde los líderes ya no son gobernantes todopoderosos o intermediarios de los flujos de información que suceden en la organización, sino más bien arquitectos de contextos que faciliten las relaciones de colaboración y el desarrollo de esa inteligencia colectiva. Unos líderes que ya no ocupan una posición de vértice, sino que son un nodo más de una red, de la que, por otra parte, pueden quedar desconectados en el momento que esa red perciba que no están aportando valor. Pero es que además, esta tendencia hacia el trabajo colaborativo en red, lejos de representar un proceso de colectivización, potencia el protagonismo del individuo y su aportación, y pone en evidencia la necesidad de tratarlo con la dignidad que merece como persona y no como un mero recurso.
Podríamos poner muchos otros ejemplos de desafíos a que se enfrentan las empresas de hoy en día donde una perspectiva humanista podría añadir valor: Desde la necesidad de un rearme de valores morales que contribuya a recuperar el clima de confianza perdido con la crisis económica a los intentos de dotar a las máquinas de cualidades humanas, pasando por la necesidad de saber como comportarse adecuadamente en entornos multiculturales, o emplear el pensamiento crítico en un mundo caracterizado por una sobreabundancia de información.
En cualquier caso opino que estamos ante un escenario que pide a gritos una recuperación de la dimensión humana de las organizaciones. ¿Qué pensáis vosotros?
Imagen: Texas.713
Os dejo a continuación un video con la conferencia de Juan Luis Suárez. Dura más de una hora pero vale la pena por lo que da que pensar.




