Gestionar es como hacer vino

Hacer un buen vino no es cuestión de tener las mejores uvas sino, sobre todo, de dominar el proceso a través del cual se transforman.

En el último número de Strategy+Business, Laura W. Geller entrevista a Ralph Sink, consultor especializado en la implantación de "equipos de alto rendimiento" basados en el control de los empleados sobre su propio trabajo y en un estilo de gestión participativo.

Estas soluciones organizativas, que tuvieron mucho predicamento en las grandes empresas industriales durante los años ochenta, parece que ya no están de moda. Según Sink la causa radica 1) en que hoy las compañías se centran en exceso en alcanzar objetivos a corto plazo y 2) en la falta de lealtad de los individuos hacia las empresas -y viceversa-.

Ambas cuestiones tienen mucho que ver con el modo en que se forman y desarrollan los líderes empresariales. Les enseñamos a analizar las situaciones y a desmenuzar los problemas pero no a ver los escenarios en su globalidad, a innovar o a desarrollar una visión capaz de movilizar las energías de la organización. No ayuda mucho la forma de hacer las cosas que tienen algunas grandes corporaciones, que pretenden que las soluciones que se deciden en su central se apliquen en todo el mundo por encima de barreras culturales, geográficas o administrativas, convirtiendo al personal de las unidades locales en meros ejecutores de instrucciones; ni tampoco el ejemplo de ejecutivos incompetentes que abandonan sus empresas con indemnizaciones millonarias sin haber aportado ningún valor a la organización.
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