19 enero 2026

Juventud y trabajo: algunas señales que no podemos ignorar

por Santi Garcia

Escuchar a los jóvenes ya no es solo un ejercicio de inclusión generacional, sino una necesidad estratégica para comprender hacia dónde se dirige el futuro del trabajo. En este sentido, la edición 2026 del informe Youth Pulse: Insights From the Next Generation for a Changing World, elaborado por el Foro Económico Mundial a partir de las respuestas de casi 4.600 jóvenes de entre 18 y 30 años en 144 países, ofrece una radiografía nítida de cómo la generación que protagonizará el mercado laboral de la próxima década percibe los cambios económicos, tecnológicos, sociales y ambientales que ya están en marcha.

Más allá de las diferencias contextuales inevitables en un estudio de alcance global, el mensaje de fondo resulta sorprendentemente consistente. En grandes líneas, los resultados del Youth Pulse 2026 coinciden con los que venimos observando en el Pulso Jóvenes y Trabajo, el estudio que realizamos en 2025 en Future for Work Institute en colaboración con Mazinn para analizar las expectativas, preocupaciones y aspiraciones de los jóvenes en relación con el empleo. Las pequeñas discrepancias no invalidan el diagnóstico; al contrario, lo enriquecen al subrayar qué tendencias son estructurales y cuáles responden a dinámicas locales.

Una relación con el trabajo en plena transformación

Una de las principales aportaciones del informe es confirmar que estamos ante un cambio profundo en la relación de la juventud con el empleo. Para esta generación, el trabajo ya no se concibe únicamente como un medio de subsistencia ni como una promesa automática de progreso. La precariedad, el encarecimiento del coste de la vida y la percepción de desigualdad creciente han erosionado la idea de una “escalera profesional” predecible.

Las cifras hablan por sí mismas: casi la mitad de los jóvenes identifica el aumento de la desigualdad como la principal tendencia económica que marcará el futuro. Esta preocupación también aparece de forma recurrente en el Pulso Jóvenes y Trabajo, donde muchos participantes expresan la sensación de estar jugando una partida con reglas menos favorables que las de generaciones anteriores. El trabajo sigue siendo central, pero ya no garantiza estabilidad ni movilidad ascendente por sí solo.

IA, adopción masiva y ansiedad por el empleo de entrada

El entorno tecnológico concentra algunas de las señales más relevantes para el futuro del trabajo. El informe del World Economic Forum muestra una adopción muy extendida de la inteligencia artificial. En concreto, cerca del 60% de los jóvenes declara usarla de forma regular para mejorar sus capacidades. Este dato coincide casi punto por punto con lo que observamos en nuestros propios estudios: la IA se ha integrado con rapidez en las rutinas de aprendizaje y trabajo de los jóvenes.

Sin embargo, esta familiaridad convive con una preocupación creciente. Dos tercios de los encuestados creen que la IA reducirá las oportunidades de empleo de nivel inicial en los próximos tres años, confirmando una de las tensiones clave del momento, y es que esta tecnología que promete aumentar la productividad y democratizar capacidades amenaza, al mismo tiempo, con vaciar de contenido muchos de los puestos que tradicionalmente servían como puerta de entrada al mercado laboral.

El riesgo no es solo cuantitativo, sino estructural. Si las tareas rutinarias y de menor complejidad desaparecen o se automatizan, ¿dónde adquirirán los jóvenes la experiencia práctica y el conocimiento tácito que históricamente se desarrollaba en esos primeros años de carrera? 

De la experimentación informal a las credenciales de valor

Otro hallazgo relevante es el desacople entre el uso informal de la tecnología y la posesión de credenciales formales. Aunque los jóvenes experimentan con IA, plataformas digitales y nuevas herramientas a una velocidad notable, solo una minoría accede a formación estructurada o certificaciones reconocidas.

Este patrón refuerza una idea que venimos defendiendo desde hace tiempo: la brecha del futuro no será solo de acceso tecnológico, sino de traducción de la experiencia en “capital profesional reconocible”. Quienes consigan convertir su familiaridad con la IA en competencias acreditadas y transferibles estarán en mejor posición para competir. Quienes no, corren el riesgo de quedar atrapados en una adopción superficial que no se traduzca en mejores oportunidades laborales.

Propósito, flexibilidad y una nueva definición de éxito

El informe del Foro Económico Mundial también confirma un cambio generacional en la definición de éxito profesional. El sentido de propósito y la flexibilidad aparecen sistemáticamente por encima de beneficios tradicionales como los planes de pensiones o los seguros médicos. Este resultado es coherente con lo que observamos en el Pulso Jóvenes y Trabajo: los jóvenes no rechazan la estabilidad, pero ya no están dispuestos a sacrificar bienestar o valores a cambio de ella.

Para los empleadores, este giro tiene implicaciones profundas. Las propuestas de valor al empleado basadas exclusivamente en salario y seguridad contractual resultan insuficientes. La atracción y fidelización del talento joven exige modelos de trabajo que ofrezcan aprendizaje continuo, autonomía, coherencia entre discurso y práctica, y una contribución percibida al bien común.

Emprendimiento, “side hustles” y resiliencia individual

Ante la percepción de sistemas laborales frágiles o injustos, muchos jóvenes están optando por estrategias de diversificación como emprendimiento, trabajo freelance y actividades paralelas. El Youth Pulse 2026 interpreta este fenómeno no tanto como una moda, sino como una respuesta adaptativa a la incertidumbre. Para buena parte de las nuevas generaciones el empleo único y lineal pierde atractivo frente a trayectorias más híbridas y flexibles.

El desafío es que esta resiliencia individual que muestran los jóvenes no puede sustituir indefinidamente a sistemas de protección colectiva. Si el futuro del trabajo será más fragmentado y emprendedor, las políticas públicas deberán avanzar hacia modelos de protección social “portables”, capaces de acompañar a las personas a lo largo de transiciones frecuentes entre empleo, autoempleo y formación.

Educación, empleo y corresponsabilidad sistémica

Finalmente, el Youth Pulse 2026 evidencia la necesidad de cerrar la brecha entre educación y empleo. La creación de empleos de calidad y el acceso a una educación relevante y asequible aparecen como las dos principales demandas a los responsables públicos.

El mensaje implícito es contundente. No basta con pedir a los jóvenes que se adapten, sino que es el sistema en su conjunto (empresas, instituciones educativas y administraciones) el que debe rediseñarse para ofrecer trayectorias de desarrollo realistas, inclusivas y alineadas con la transformación tecnológica.

Diseñar el futuro del trabajo “con” los jóvenes

En conjunto, el informe del World Economic Forum refuerza la idea de que el futuro del trabajo no puede diseñarse para los jóvenes sin contar con ellos. Su combinación de pragmatismo económico, adopción tecnológica temprana y fuerte orientación a valores constituye una brújula valiosa en un contexto de incertidumbre estructural. Escuchar estas señales no es solo un ejercicio analítico; es una condición necesaria para que empresas, instituciones educativas y responsables públicos puedan construir un mercado laboral más resiliente, más justo y, en última instancia, más humano.

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Foto de Aedrian Salazar en Unsplash

Santi Garcia
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