El Consejo de Cooperación Económica opina

La semana pasada el Consejo de Cooperación Económica (Conseil de Coopération Économique - CCE) emitía su diagnóstico sobre las necesidades actuales de la economía. El aumento de la productividad, el envejecimiento de la población, el desarrollo de los transportes, el futuro del modelo energético, la protección del medioambiente y la cooperación internacional son los principales retos a los que se enfrenta nuestra economía, en opinión de un “think tank” que reúne a más de cien grandes empresas de los países del arco latino-mediterráneo: España, Francia, Italia y Portugal.

En un momento en el que la atmósfera política anda bastante cargada, me ha resultado reconfortante encontrarme con un diagnóstico claro, objetivo y equilibrado, alejado de planteamientos radicales y excluyentes, capaz de conciliar puntos de vista que muchos podrían considerar incompatibles.

El informe plantea la necesidad de incrementar la inversión en proyectos de investigación y desarrollo hasta alcanzar el 3% del PIB (actualmente apenas se llega al 2%) y de practicar reformas en el marco financiero y jurídico para favorecer el I+D privado, el que realmente importa. Además señala que el gasto en educación debería aumentar hasta un 50% de aquí al 2010. Reducir la segmentación entre trabajadores fijos y temporales y simplificar el marco legal de la actividad empresarial son otras dos de las recomendaciones del Consejo en materia de productividad. Todo ello, por supuesto, sin dejar de cumplir escrupulosamente los límites de deficit del 3% y de deuda del 60% establecidos por la UE. Un claro aviso a navegantes.

El segundo de los grandes retos es el envejecimiento de la población. Para el Consejo de Cooperación Económica es un hecho que la edad actual de jubilación no permitirá salvaguardar, a largo plazo, el equilibrio financiero de los sistemas públicos de pensiones a no ser que se inyecte savia nueva en el mercado de trabajo, eliminando las cuotas a la inmigración, y se adopten, al mismo tiempo, medidas decididas para que la edad de jubilación efectiva, disminuída por efecto de las jubilaciones anticipadas, se aproxime al máximo a la edad legal.

El informe también señala la necesidad de introducir cambios en el actual modelo de transporte de nuestra región. Teniendo en cuenta las repercusiones mediombientales, económicas y sociales, así como la sostenibilidad financiera de las inversiones, el desarrollo de los transportes debería pasar por un aumento del peso relativo del ferrocarril y el transporte marítimo.

En materia energética el principal objetivo debiera ser reducir la dependencia de fuentes de energía importadas como el petroleo y el gas. Aunque todavía pueda resultarle extraño a alguien, las principales líneas de actuación que se proponen son el desarrollo de las energías renovables y, en paralelo, un incremento de la producción de energía nuclear. Pragmatismo en estado puro.

Por lo que se refiere al medioambiente, el Consejo aboga por una gestión basada primeramente en el principio de voluntariedad, a la vez que propone extender la obligación de reducir las emisiones contaminantes a otros sectores distintos de la industria tales como los transportes, la agricultura, residencial, etc.

El último gran reto para nuestra economía es el desarrollo exterior. En este sentido el informe incluye entre sus propuestas la apertura de los mercados europeos, en especial los agrícolas, a las importaciones procedentes de países en vías de desarrollo y destinar el 0,7% de PIB al desarrollo y la cooperación internacional, dando prioridad al desarrollo de África del Norte para favorecer la creación de un “colchón de bienestar” a las puertas de nuestra (cada vez más) vieja Europa mediterránea.

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