Gestión de la polaridad

Ayer oí hablar por primera vez de "gestión de la polaridad" ("polarity management"), un concepto que me ha parecido interesante en tanto en cuanto es directamente aplicable a la gestión de procesos de cambio.

En la cultura occidental se nos ha enseñado a ver cualquier situación difícil, cualquier conflicto, como un problema que hay que resolver. Si somos lo suficientemente listos para encontrar la respuesta correcta, entonces ¡bingo!, el conflicto está solucionado.

Sin embargo la experiencia nos enseña que hay muchas situaciones conflictivas para las que no hay una respuesta única y definitiva. Son las llamadas "polaridades", situaciones en las que los puntos de vista encontrados tienen tanto una "carga positiva" como una "carga negativa". Algunos ejemplos los encontramos en los tradicionales dilemas entre centralización y descentralización, control de costes y calidad, estabilidad y cambio... La tensión que existe entre ambas polaridades puede llegar a ser paralizante o incluso destructiva, pero si se gestiona adecuadamente la energía que desprende esa tensión puede convertirse en una fuente de ventaja competitiva de primer orden.

En cualquier caso la gestión de la polaridad exige, sobre todo, un cambio de mentalidad. Debemos aprender a distinguir una "polaridad" de un problema y cómo gestionar estas situaciones. Debemos empezar por romper nuestro paradigma y aceptar que hay situaciones conflictivas -las polaridades- para las que no hay solución, al menos en el sentido tradicional del término.
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