Y después... ¿qué?

En los próximos años veremos como más y más personas se resisten a abandonar el mercado de empleo y continúan trabajando más allá de la edad "oficial" de jubilación. De hecho, no me extrañaría lo más mínimo que en poco tiempo los interlocutores sociales empiecen a hablar de la posibilidad de introducir un nuevo tipo de contrato laboral que -a modo de un contrato de relevo "inverso"- facilite la permanencia en activo de los trabajadores pasados los 65.

Un reciente estudio de McKinsey & Co. revela que, en Estados Unidos, debido a una planificación financiera inadecuada, dos tercios de los miembros de la generación nacida en los años de postguerra no serán capaces de mantener el 80% de su capacidad adquisitiva tras su jubilación. En Europa, donde vivimos arropados por "papá estado", ya se lleva tiempo hablando, en parecidos términos, de la insuficiencia de las contribuciones a la seguridad social para hacer frente a las pensiones futuras. En cualquier caso la solución que se apunta siempre es la misma: habrá que trabajar más años.

A este respecto Tammy Ericksson escribe en su blog sobre como los babyboomers afrontan su próxima jubilación de una forma muy diferente a como lo hicieron sus padres. Según una encuesta de Merrill Lynch, la idea va calando. Ya son un 71% los que se plantean trabajar más allá de los 65, de los que la mitad espera seguir trabajando mientras el cuerpo aguante.

Sin embargo los motivos no son (sólo) económicos. Otro estudio, esta vez de HSBC, desvela otras razones de peso, como pueda ser sentirse estimulados intelectualmente, físicamente activos, "conectados" con la realidad social, o simplemente tener la sensación de que hacen algo valioso con su tiempo.

Reconforta comprobar que, al menos en esta ocasión, la necesidad es además un deseo.
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