¿Y qué pasa con los que se quedan?


Desgraciadamente los despidos están a la orden del día. Desde hace ya unos meses es difícil ver un telediario o leer un periódico sin enterarnos de que otra empresa ha presentado un expediente de regulación de empleo. 

Los despidos, y más los colectivos, siempre son traumáticos. Por supuesto que quienes más sufren sus consecuencias son las personas despedidas y su entorno social más próximo, pero también afectan a la productividad y la moral de quienes permanecen en la empresa y esto muchas compañías lo pasan por alto. Concentran toda su "energía gerencial" en lograr que el expediente sea autorizado y en ejecutarlo de la forma más rápida y más barata posible y se olvidan de que gran parte de los costes de un "ERE" residen, más allá de las indemnizaciones al personal despedido, en el descenso en la productividad del personal que se queda. 

¿Qué podemos hacer al respecto?

Hace poco leía en BNET las recomendaciones de Hayes Group International:

1.- Planificar. Pensar como se van a redistribuir las tareas entre quienes se quedan y como se van a comunicar estos cambios.
2.- Comunicar. Qué hay que hacer, más allá de los despidos, para que la empresa recupere su competitividad. Qué papel se espera que jueguen los empleados que se quedan.
3.- Escuchar. Permitir a los empleados que expresen su malestar -su dolor- y se sientan escuchados.
4.- Transmitir confianza. Para ello hay que demostrar preocupación, actuar con integridad y conseguir resultados. No hay otra.
5.- Proporcionar la formación y los medios necesarios para que los "supervivientes" puedan desempeñar su trabajo con la mayor eficacia. 

¿Cuántas de estas cosas podíamos hacer y no hacemos?

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