La cultura de la pregunta


“De hoy en adelante no les diré, les preguntaré; si les digo, dudarán; si les pregunto, creerán; si yo lo digo, no es cierto; si ellos lo dicen, es cierto”. Esta frase, que leo en el blog de Alex Vallès, me hace reflexionar sobre lo aficionados que son algunos a buscar en sus jefes la respuesta a todos sus problemas y la correspondiente tendencia de ciertos directivos a “mandar”, a decirles a sus colaboradores lo que deben hacer en todo momento. La tentación es grande, ya que en numerosas ocasiones darles a nuestros empleados la respuesta que necesitan es la vía más eficaz y más rápida de quitarnos de encima un dolor de cabeza, pero si de verdad nos preocupa su desarrollo la cosa cambia, y mucho.

A este respecto la semana pasada Judith Ross escribía en Management Essentials esta entrada titulada “How to Ask Better Questions” sobre los beneficios de ayudar a nuestros colaboradores, a través de preguntas, a que sean ellos mismos quienes descubran la respuesta a sus problemas. Aunque no se trata de preguntar por preguntar. De hecho no vale cualquier pregunta. Es aconsejable evitar aquellas que condicionen excesivamente la respuesta, o las que puedan provocar reacciones defensivas. Las preguntas que añadirán más valor serán las que ayuden a nuestros empleados a comprender situaciones complejas, construir relaciones, desarrollar una actitud crítica, generar ideas de ruptura, desafiar el status quo o incrementar su compromiso con las soluciones.

Deberíamos aspirar a desarrollar una "cultura de la pregunta" donde los jefes no acudan a las reuniones con sus colaboradores armados con listas de “to do's” sino con preguntas inteligentes. Aunque a algunos les cueste admitirlo en la economía del conocimiento la distinción entre “thinkers” y “doers” dejó de tener sentido hace tiempo.
1 comentario

Entradas populares de este blog

¿Por qué la gente deja un trabajo? - Avance informativo

Los millennials y el trabajo: mitos y realidades

Adaptables pero auténticos, auténticos pero adaptables