La reforma necesaria


Ayer era Fiona Maharg-Bravo quien desde las páginas de El País Negocios nos daba diez razones para que se aborde, de una vez por todas, la reforma laboral en España. Una reforma que se hace imprescindible si tenemos en cuenta que nuestro país ya genera las dos terceras partes de todo el nuevo desempleo que se produce en la Unión Europea cuando representa sólo el 9% de su población. Precisamente una de las circunstancias que parecen ignorar nuestros gobernantes cuando se niegan a tratar este tema es que formamos parte de un mercado único en el que competimos en pie de igualdad contra empresas que, sujetas a legislaciones laborales más flexibles, pueden reaccionar con mayor agilidad ante los desafíos del entorno. 

La rigidez de la regulación laboral es una de las causas de que las empresas españolas se lo piensen antes de aumentar la dimensión de sus plantillas ante un incremento de la demanda. Es verdad que pueden recurrir a los contratos temporales o a las ETT's, o incluso apurando más la cosa a los trabajadores ilegales, pero si se trata de productos o servicios de alto valor añadido -los que nos interesan si no queremos convertirnos en un país "low cost"- tengo serias dudas de hasta qué punto se trata de alternativas válidas. En algún momento las empresas pudieron recurrir a la opción de trasladar los efectos de un aumento de la demanda a los precios de sus productos y servicios, pero hoy en día, en un mundo globalizado, en el marco de un espacio económico europeo sin barreras, y cuando el desarrollo tecnológico permite la prestación de más servicios desde lugares más remotos, esa posibilidad queda circunscrita a contados sectores de actividad. En el resto de casos, de no incrementar su capacidad, la demanda que no satisfagan las empresas españolas acabará siendo cubierta por competidores de otros países. Así de simple. 
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