¿moriremos con las botas puestas?
Un artículo en el número del 27 de junio de The Economist predice la vuelta a los tiempos pre-Bismarckianos en los que el concepto de edad de jubilación era desconocido. Cuando en 1889 el Canciller de Hierro introdujo las primeras pensiones para los trabajadores prusianos de más de 70 años, la esperanza de vida en ese país apenas alcanzaba los 45. Incluso en 1935, cuando en Estados Unidos se puso en marcha el sistema de seguridad social y se estableció la edad oficial de jubilación a los 65 años, la esperanza de vida del americano medio era de 62. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Vivimos muchos más años que antes, pero también las tasas de natalidad han caido. La consecuencia es el progresivo envejecimiento de la sociedad de los países desarrollados. En 1950 en los países de la OCDE había 7 personas de entre 20 y 64 años por cada una de más de 65. Hoy la proporción es de 4 a uno, y se prevé que sea de dos a uno para el año 2050. El gasto promedio en pensiones públicas ya alcanza el 7% del PIB en los países de la OCDE y sigue subiendo. Así que es hora de que individuos, empresas y gobiernos entiendan que toca adaptarse y actúen en consecuencia. Y en esto, como siempre, hay quien nos lleva ventaja. En Japón empresas como Hitachi han encontrado fórmulas para volver a contratar trabajadores más allá de su edad de jubilación. Wal-Mart, B&Q o McDonald's también están contratando personal de edad avanzada que, por cierto, sus clientes encuentran más amables y dispuestos a ayudar que los empleados más jóvenes. Respecto a los gobiernos, hay muchas cosas que pueden hacer, como favorecer los planes de pensiones privados, o eliminar barreras para la llegada de inmigrantes. En Estados Unidos se ha eliminado la edad obligatoria de jubilación en el sector privado y la edad para poder recibir una pesión pública se ha ido elevado a los 67 ó 68 años, según los estados. En Dinamarca han ido un paso más allá y han decidido indexar la edad de jubilación (pensionable) a la esperanza de vida. Menos mal que todo esto no va con nosotros y aquí podemos seguir con nuestras políticas de prejubilaciones mientras nuestros gobernantes niegan la evidencia.






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