Imprescindible experiencia previa en el puesto

En un escenario en que los mercados cambian, las organizaciones se transforman, surgen nuevas profesiones y se demandan nuevos conocimientos, el tradicional requisito de tener “experiencia en el mismo puesto o similar” para poder optar a un trabajo no tiene demasiado sentido, entre otros motivos porque es posible que nadie lo haya desempeñado antes.

Hoy lo que importa es que las personas de la organización posean aquellas cualidades que contribuyan a la competitividad de la empresa en un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo. Y esto no se consigue elaborando voluminosos diccionarios de competencias en los que se intenta recoger de forma exhaustiva todos los conocimientos y habilidades que una organización necesita, ni sometiendo a empleados y candidatos a farragosos procesos de evaluación que pretenden determinar en qué medida poseen cada una de esas competencias.

En realidad, la clave de que una empresa tenga éxito en el mercado no radica tanto en si posee las capacidades que necesita hoy como en su capacidad de adquirir, y de manera rápida, las que va a necesitar mañana, y quién sabe cuáles serán estas.

Por eso se detecta una tendencia hacia modelos de competencias más abiertos, dónde listas interminables de conocimientos, habilidades y actitudes son sustituidas por conceptos mucho más amplios orientados a favorecer el desarrollo de la inteligencia colectiva de la organización, su adaptabilidad, su capacidad de innovación y, en último término, una mayor eficacia en un entorno incierto y cambiante.

Un buen ejemplo es lo que hace Pixar. Esta compañía de animación exige a sus empleados únicamente cuatro cualidades:

En primer lugar, profundidad (depth). Buscan gente capaz de hacer muy bien alguna cosa, independientemente de cuál sea esa cosa. Lo importante es que puedan demostrar que son muy buenos en algo pero, sobre todo, que son capaces de recuperarse rápido y aprender de sus equivocaciones y fracasos.

En segundo lugar, amplitud (breadth). Quieren personas curiosas, que se interesen por una gran variedad de temas, y que posean muchas experiencias –lo que no necesariamente equivale a mucha experiencia–. En este sentido prefieren una persona “que se interesa” a una persona “interesante” porque las primeras escuchan y se preocupan por saber lo que los demás quieren saber, contribuyendo así a que la organización avance.

En tercer lugar, Pixar valora que sus empleados y candidatos posean capacidad de comunicación, aunque no se fijan tanto en su capacidad de expresión como en su habilidad para traducir sus mensajes al lenguaje del receptor y lograr que este les comprenda sin necesidad de tener que hacer él la traducción.

En cuarto y último lugar, Pixar exige colaboración, que para ellos no es otra cosa que la habilidad de conectar entre sí a personas con diferentes “profundidades” y “amplitudes” y amplificar el trabajo que realizan.  Para ello Pixar les pide a sus empleados que respeten dos sencillos principios: a) “acepta cada propuesta”, para que cada idea al menos tenga una posibilidad de prosperar, y b) “haz que los demás queden bien”, que supone no juzgar el trabajo de los demás, sino considerarlo como un punto de partida sobre el que construir, lo que favorece la generación de nuevas ideas.

Cuando era el decano de la Pixar University, Randy Nelson  lo explicó muy bien en el siguiente video:




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