También hay sitio (y mucho) para los humanistas


La semana pasada Marcus Hurst en Yorokobu hacía referencia a una conferencia sobre el futuro de las Humanidades impartida por Juan Luis Suárez en Media Lab Prado. En su conferencia Suárez dibujó un horizonte optimista. Como ejemplo puso el anuncio que hizo Google el año pasado sobre su intención de contratar a más de 4.000 doctorados en Humanidades durante los próximos años. Una decisión que Marissa Mayer, vicepresidente de productos de consumo de Google, justificó por el valor que personas con una educación humanística pueden aportar en el diseño de interfaces de usuario, la dimensión comunicacional de la programación, o incluso a la hora de decidir qué "doodles" publicar en su página de inicio, o en qué partes del mundo es apropiado hacerlo.

Sin embargo la cuestión es mucho más profunda.

Podría parecer que, en un mundo dominado por la tecnología, la innovación, de la que hoy depende la competitividad de un número creciente de empresas, debería venir de la mano de ingenieros y científicos. Afortunadamente vamos tomando conciencia de que la innovación no es solo cuestión de técnica. La Comisión Europea así lo entendió cuando en 2009 decidió incluir el número de licenciados en Ciencias Sociales y Humanidades entre los indicadores del European Innovation Scoreboard –hoy Innovation Union Scoreboard– que hasta entonces sólo consideraba a los graduados universitarios en Ciencias e Ingeniería entre los factores determinantes de la capacidad de innovación de un país. Es una forma de reconocer que la innovación surge en muchas ocasiones de la hibridación de conceptos procedentes de diferentes disciplinas, incluidas las Humanidades. En este sentido es un clásico el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en el que, entre otras cosas, explica como un curso de caligrafía fue la causa de que el primer Mac incorporase una variedad de tipografías y espaciado proporcional entre caracteres.

Por otro lado, como señalábamos en la anterior entrada, todo apunta a que la diferencia entre una empresa y sus competidores cada vez más vendrá marcada por su capacidad de movilizar a su favor la creatividad, la iniciativa y el entusiasmo de las personas con las que trabaja; otro reto sobre el que no estaría de más contar con una perspectiva humanística.

Hemos de tener presente que a raíz de la revolución de los medios sociales internet ha dejado de ser una red de ordenadores para convertirse en una red de personas. Como anticiparon los autores del Manifiesto Cluetrain los hipervínculos están subvirtiendo las jerarquías. Están posibilitando que surjan nuevas formas de organización y conocimiento social, y las instituciones se ven forzadas a bajar de sus "torres de marfil" para establecer relaciones y conversar con sus clientes, pero también con sus empleados. Al mismo tiempo, las empresas se están dando cuenta de que para escapar de la obsolescencia tecnológica y sobrevivir en un entorno convulso no queda otra que invertir en adaptabilidad, y para ello nada mejor que potenciar y aprovechar la inteligencia colectiva de la organización, un atributo que, a su vez, depende de las habilidades sociales y de la inteligencia emocional de sus miembros.

En esta línea más empresas están experimentando con fórmulas de trabajo colaborativo, a través de las cuales la organización "conversa" y el poder se distribuye. Se comienza a hablar de las empresas como comunidades de personas donde los líderes ya no son gobernantes todopoderosos o intermediarios de los flujos de información que suceden en la organización, sino más bien arquitectos de contextos que faciliten las relaciones de colaboración y el desarrollo de esa inteligencia colectiva. Unos líderes que ya no ocupan una posición de vértice, sino que son un nodo más de una red de la que, por otra parte, pueden quedar desconectados en el momento que esa red perciba que no están aportando valor. Además, esta tendencia hacia el trabajo colaborativo en red, lejos de representar un proceso de colectivización, potencia el protagonismo del individuo y su aportación, y pone en evidencia la necesidad de tratarlo con la dignidad que merece como persona y no como un mero recurso.

Podemos poner muchos otros ejemplos de desafíos donde una perspectiva humanista puede añadir valor: desde la necesidad de un rearme de valores morales que contribuya a recuperar el clima de confianza perdido con la crisis económica a los intentos de dotar a las máquinas de cualidades humanas, pasando por la necesidad de saber como comportarse adecuadamente en entornos multiculturales, o emplear el pensamiento crítico en un mundo caracterizado por una sobreabundancia de información. Y todos los que aun están por llegar que ni siquiera imaginamos.


Imagen: Texas.713


Os dejo a continuación un video con la conferencia de Juan Luis Suárez. Dura más de una hora pero vale la pena por lo que da que pensar.

 
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