13 diciembre 2021

El estado del teletrabajo en España: los números dan que pensar

por Santi Garcia

El mes pasado el Instituto Nacional de Estadística publicaba los resultados de la edición de 2021 de su Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. Elaborada a partir de datos capturados entre el 25 de mayo y el 23 de agosto de 2021, incluye una sección sobre teletrabajo que, aunque ha pasado relativamente desapercibida, aporta nuevos y reveladores datos sobre la realidad de esta modalidad laboral en nuestro país.

Cuánto teletrabajamos en España

Para empezar, los datos nos descubren que, durante la semana anterior a participar en la encuesta, el 17,6% de los ocupados de 16 a 74 años teletrabajó al menos algún día, el 17,4% no lo hizo aunque por la naturaleza de su trabajo hubiese podido hacerlo, y el 65% restante tampoco lo hizo, pero porque debido a la naturaleza de su trabajo le resulta imposible trabajar a distancia. En otras palabras, dos de cada tres trabajadores españoles no pueden teletrabajar debido al tipo de trabajos que realizan.

Respecto a la frecuencia del teletrabajo, encontramos que, de las personas que teletrabajaron cuyos trabajos les podrían permitir teletrabajar a tiempo completo, el 67,8% trabajó en remoto todos los días; el 14,2%, entre tres y cuatro días por semana; el 12,1%, más de 1,5 días y menos de tres; y el 5,9% menos de 1,5 días (o menos del 30% de su jornada). En promedio, 4,2 días a la semana.

Ventajas y desventajas del teletrabajo

Otro hallazgo que señalar es que las personas que habían teletrabajado valoraron muy positivamente la experiencia, con una media de 8,2 puntos sobre 10. Preguntadas por las ventajas y desventajas del teletrabajo, destacaron entre las ventajas de esta modalidad laboral que evita desplazamientos (95,4%), poder gestionar su tiempo de trabajo (87,3%), la conciliación con la vida personal y familiar (87,2%), un mejor aprovechamiento o ahorro de tiempo (86,6%), la comodidad de trabajar desde el hogar (77,7%) y el ahorro de dinero (68,7%); mientras que entre las desventajas las más mencionadas fueron la falta de contacto social con compañeros (82,2%), la falta de desconexión laboral (60,8%) y la sobrecarga laboral (47,0%).

Las preferencias de los teletrabajadores

Asimismo da qué pensar lo que respondieron las personas encuestadas cuando se les preguntó acerca de su modelo preferido de teletrabajo. A la pregunta de cuántos días por semana les gustaría teletrabajar una vez superada la pandemia de COVID-19, de las personas ocupadas de 16 a 74 años que habían teletrabajado y cuyos trabajos les podrían permitir teletrabajar a tiempo completo, el 61,9% respondió que todos los días, el 26,5% de 3 a 4 días por semana, el 11,1% más de 1,5 y menos de tres días, y solo el 0,5% respondió que menos de 1,5 días.

Los motivos para no teletrabajar

Los datos de la encuesta también nos descubren que en el momento de capturar los datos teletrabajaba el 69,5% de la población ocupada española susceptible de teletrabajar a tiempo completo, pero el 30,5% no. La pregunta se vuelve inevitable: ¿Cuáles son los motivos que llevaban a que casi una de cada tres personas que podía teletrabajar no lo hiciese?

El 35,8% de los encuestados en esta situación señalaba la falta de voluntad de su empresa de implantar el teletrabajo, mientras que el 15,5% lo achacaba a que su empresa no disponía de medios tecnológicos suficientes. Pero ¿qué pasaba con el resto?

Al analizar los datos, descubrimos algunas correlaciones entre el hecho de que una persona no teletrabajase a pesar de que por su trabajo podía permitírselo y una serie de variables demográficas y socioeconómicas.

Sexo

Lo primero que llama la atención es que del total de mujeres con trabajos que les podrían permitir teletrabajar a tiempo completo la proporción que no teletrabajaba (33,3%) era superior que la que se observaba entre los hombres (28,2%). Es curioso, porque las mujeres tendieron a valorar la experiencia de teletrabajo mejor que los hombres (8,4 frente a 8,1 sobre 10). Además, el porcentaje de hombres y mujeres que dijeron no teletrabajar debido a su preferencia personal por el trabajo presencial fue muy parecido (58,9% y 58,2% respectivamente), así que esta diferencia tuvo que venir de otro lado.

Edad

Por lo que respecta a la edad, frente a lo que se oye de que los jóvenes son el segmento de edad que más prefiere el trabajo presencial, descubrimos que en la franja entre 25 y 34 años no teletrabajaba el 27,5% de las personas que por su trabajo podrían hacerlo a tiempo completo, pero que este porcentaje se elevaba progresivamente en los trabajadores de 35 a 44 años (30%), de 45 a 54 años (31,6%) y de 55 a 64 años (34%).

Desde esta perspectiva también da que pensar que el grupo de personas entre 35 y 44 años fuese el que menos atribuyó el hecho de no teletrabajar a una preferencia personal por el trabajo presencial (53,7% frente al 60,7% en la franja de 25 a 34 años y al 61,1% en la franja entre 45 y 54 años). Este dato sugiere que en esa franja de edad pueden concurrir otras circunstancias que provocan que solo una de cada dos personas que deja de teletrabajar a pesar de tener un trabajo que les permitiría hacerlo lo haga de manera voluntaria.

Hábitat de los trabajadores

Otro dato que hay que destacar es que, de las personas con trabajos susceptibles de poder ser realizados en remoto que habitaban en poblaciones de más de 100.000 habitantes o capitales de provincia, el 28,2% no teletrabajaba, mientras que en poblaciones de entre 20.000 y 100.000 habitantes esa proporción era del 31,4%, y en poblaciones de menos de 20.000 habitantes subía hasta el 37,1%.

Cuando se les preguntaba por los motivos concretos por los que no teletrabajaban, las personas que vivían en poblaciones de menos de 20.000 habitantes tendían a atribuirlo a su preferencia personal por el trabajo presencial con más frecuencia (64,1%) que quienes vivían en poblaciones de 100.000 o más habitantes o capitales de provincia (53,8%). Un dato coherente con que la valoración general de la experiencia de teletrabajo fuese superior entre los teletrabajadores de poblaciones de 100.000 y más habitantes o capitales de provincia (8,4) que entre las personas que habían teletrabajado en poblaciones de menos de 20.000 habitantes (7,9).

Situación familiar

Desde la perspectiva de la situación familiar de los trabajadores, el 23,5% de las personas que vivían en pareja sin hijos que conviviesen con ellas, y que tenían trabajos que les podían permitir teletrabajar a tiempo completo, no teletrabajaba. Este porcentaje contrastaba con un 40,7% en el caso de hogares uniparentales con algún hijo conviviente. En el medio estaban los hogares unipersonales (29%) y aquellos formados por parejas con algún hijo conviviente (30,4%).

Por lo que respecta a los motivos para no teletrabajar que declararon las personas con diferentes situaciones familiares, llama la atención que tanto las parejas como los progenitores solos que convivían con algún hijo expresaban una mayor preferencia personal por el trabajo presencial (62,4% y 55,3% respectivamente) que las personas que vivían en un hogar unipersonal (48,4%) y las parejas sin hijos que conviviesen en el hogar (46,4%). Unas cifras que, por otro lado, encajan con que la valoración de la experiencia de teletrabajo que hicieron las personas que vivían en pareja sin hijos que conviviesen en el hogar (8,5) fuese superior a la de las personas que convivían con sus hijos, viviesen o no en pareja (8,1).

Ingresos

Finalmente, los datos revelan que el nivel salarial también importa. En los hogares con ingresos netos mensuales inferiores a 1.600 euros, el porcentaje de personas que no teletrabajaban a pesar de que sus trabajos les podrían permitir teletrabajar a tiempo completo era del 35,5%. Este porcentaje disminuía al 33,5% en los hogares con ingresos de 1.600 a menos de 2.500 euros, y al 24,9% en los hogares con ingresos entre 2.500 y 3.000 euros, para después repuntar ligeramente (27,8%) en el segmento de hogares con ingresos netos mensuales de 3.000 euros o más, posiblemente debido a la mayor proporción de managers en este grupo.

En cuanto a los motivos concretos por los que estas personas no teletrabajaban, cabe destacar que las personas pertenecientes a hogares con ingresos netos mensuales inferiores a 1.600 euros, o de 1.600 a menos de 2.500 euros, atribuían esa decisión a que su domicilio no estaba adecuado para el teletrabajo con más del doble de frecuencia (14,7% y 14,6% respectivamente) que los trabajadores con ingresos netos de 2.500 a menos de 3.000 euros mensuales (5,8%) o de 3.000 euros o más (5,7%).

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