¿Cuánto cuesta un energúmeno?

Un reciente estudio señala que uno de cada cuatro trabajadores se ha sentido maltratado en algún momento de su vida profesional. A lo largo de nuestra experiencia laboral todos nos hemos encontrado con el típico impresentable que se dedica a hacer la vida imposible a quienes le rodean. Hemos podido comprobar hasta qué punto este tipo de comportamientos pueden envenenar el ambiente de trabajo de una empresa. No hay un patrón único. Puede consistir en el empleo de un lenguaje inadecuado, chistes humillantes, comentarios degradantes, difundir rumores o hacer el vacío a ciertas personas. Las víctimas pueden ser sus colaboradores, pero también sus compañeros, proveedores, etc. Hay quien disculpa este tipo de comportamientos: "es que es mayor...", "pero es que es tan buen técnico...", "no sabes como lo ha pasado...". Habrá quien, al quejarse, haya recibido una respuesta del estilo de "aquí no se viene a hacer amigos". Lo cierto es que para una empresa estas conductas tienen mucha más trascendencia de la que en principio puede parecer. Robert Sutton, de la Universidad de Stanford ha publicado en el último número del McKinsey Quarterly un artículo en el que explica precisamente ésto: cómo este tipo de personajes no sólo crean un mal ambiente de trabajo, sino que pueden generar serios problemas económicos para sus empresas. No sólo determinan que ciertos profesionales -normalmente los mejores- se vayan a buscar un entorno más agradable donde trabajar. También limita el potencial de innovación de la empresa y su capacidad de cooperación y relación, un aspecto muy relevante en un mundo en el que las organizaciones son cada vez más interdependientes. En último término puede afectar a la reputación de la empresa en el mercado e incluso la confianza de los inversores. Todo depende de lo alto que esté el energúmeno en el organigrama.

No es cuestión de tener empleados perfectos, pero las empresas no deberían minusvalorar las consecuencias de tolerar ese tipo de actitudes. Una buena práctica pasa por no disociar la evaluación del desempeño del comportamiento del empleado. Es el mejor medio de transmitir el mensaje de que "no vale todo". Además, las empresas que persigan liberar sus organizaciones de impresentables, deberían incorporar este principio a sus políticas de reclutamiento y valorar, de una forma especialmente minuciosa, el comportamiento de sus empleados durante el período de prueba. Los conflictos no son malos en sí mismos. Bien gestionados son una fuente de progreso, y así lo entienden empresas que enseñan a sus empleados a gestionar el conflicto y la confrontación desde una perspectiva constructiva. Incluso hay organizaciones que van más allá y también aplican el "no vale todo" a sus clientes. Para quitarse el sombrero.

Bill Lazier, veterano profesor de Stanford, solía aconsejar a sus alumnos: "Cuando tengáis una oferta de empleo, mirad cómo es la gente con la que trabajaríais. Si son egoistas, estrechos de miras o poco éticos, tenéis muy pocas oportunidades de cambiarlos , incluso en una empresa pequeña. No debéis ser ingenuos. Lo más probable es que vosotros también acabéis convertidos en unos impresentables."
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