jueves, 12 de julio de 2007

Pasiones ocultas

Acabo de leer en Fast Company un artículo de Beverly Kaye y Sharon Gordon-Evans sobre la poca importancia que dan las empresas a que sus empleados disfruten y se apasionen con el trabajo que hacen. Una gran mayoría de directivos afirma que si un empleado es un entusiasta de su trabajo su desempeño será normalmente muy superior al que obtendría si hace algo que no "le tira". Sin embargo, en la práctica, las empresas se preocupan más bien poco de conocer cuales son las preferencias y los intereses de cada individuo y de ayudarle a encontrar ese trabajo "10", capaz de apasionarle. Lamentablemente, aquello de "aquí no se viene a pasarlo bien" todavía está en la cabeza de muchos directivos y empresarios.

Es cierto que si ayudamos a nuestros colaboradores a descubrir qué es lo que en realidad "les pone" nos arriesgamos a perder a algunos, que podrían buscar su trabajo ideal en otro sitio, pero problamente si no lo hacemos estemos corriendo un riesgo aún mayor: que se acaben marchando de todos modos, pero además frustrados, o lo que es peor, que se queden, pero apagados, sin poder demostrar todo su potencial.

Es verdad que cambiar a una persona de trabajo para darle otro puesto en que encaje mejor cuesta dinero y requiere invertir tiempo y recursos, pero en realidad ¿qué cuesta más? Si falta pasión puede que nuestros mejores empleados no estén dando lo mejor de sí mismos, así que más valdría que nos preocupásemos un poco más por descubrir qué despierta su entusiasmo y su compromiso. Está en juego la competitividad de nuestras empresas. Ni más ni menos.