La empresa que viene

Ayer asistí en IESE a una conferencia de Philip Evans, senior partner de The Boston Consulting Group, sobre las implicaciones que está teniendo -y las que va a tener- el desarrollo de la llamada web 2.0 para la gestión empresarial.

Según Evans, el entorno empresarial que viene -la Enterprise 2.0- se caracterizará por la proliferación de redes de relaciones entre compañías, equipos e individuos, y por la desintermediación en las transacciones. En la Enterprise 2.0 la confianza se basa en la reputación, no en contratos; la tecnología se entiende como elemento facilitador de la colaboración; y los recursos son asignados por quienes poseen las soluciones y no, como hasta ahora, por los dueños de los problemas.

Entre otros beneficios, la Empresa 2.0 nos permitirá aprovechar recursos -muchos de ellos intelectuales- que hasta el momento permanecían ocultos en la periferia de la organización y también otros situados más allá de las fronteras corporativas; nos permitirá reducir nuestros costes de estructura e incrementar nuestra velocidad y capacidad de adaptación; fortalecerá las relaciones humanas y permitirá dar más autonomía y responsabilidad a los empleados, incrementando su motivación.

Sin embargo, esta evolución no está exenta de dificultades: ¿Seremos capaces de asumir la pérdida de control que impone el nuevo escenario? ¿Sabremos motivar a nuestra gente sin "palos" ni "zanahorias" de los que echar mano? ¿Nos encontraremos cómodos gestionando una realidad fragmentada y en permanente fase beta?
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