Y el responsable de selección se encontró con aquella foto ...

Cada día es más habitual que los profesionales de los recursos humanos y la selección de personal inviertan tiempo en buscar en la red información sobre candidatos. Es tan fácil... Sólo es cuestión de meter en Google el nombre del candidato. Si el nombre es muy común, como el mío, tal vez debamos introducir algún dato más, como el nombre de la empresa para la que trabaja. En el peor de los casos en unos pocos segundos tendremos ante nuestros ojos un montón de información sobre ese individuo. Y mejor que así sea. Para muchos ya empieza a resultar sospechoso que la búsqueda en Google del nombre de un directivo no arroje ningún resultado relevante. Llevándolo al extremo hay quien dice que si no estás en Google simplemente no existes. Perfecto mientras se trate de directorios y redes sociales "para fines profesionales" donde todos exponemos nuestra mejor cara. Pero, ¿qué pasa si aparte de las referencias profesionales el reclutador se encuentra con un video o una foto del candidato en aquella fiesta loca de la que preferiría no volver a oir hablar? Hace unos días Rosario Sepúlveda publicaba un artículo en ABC que posteriormente fue comentado por Enrique Dans en su blog. Dans señala que el gran problema lo sufre la generación perdida, la nuestra. Usuarios de internet, muchos de ellos avanzados, pero que a diferencia de los "nativos digitales" andan (mos) un poco perdidos en un mundo en el que cada día todos estamos un poco más desnudos. Si alguien sube información personal a la red debería ser consciente de cuáles son los riesgos y actúar en consecuencia. Lo mismo cuando se aceptan invitaciones de desconocidos para formar parte de sus redes de contactos. Pero más vale que nos vayamos acostumbrando. La información cada vez es más abundante y más incontrolable. No se trata sólo de la información que subimos nosotros sobre nosotros mismos. Cada vez es más frecuente encontrar con que nos han "etiquetado" en un vídeo o en una foto que ha subido a la red un antiguo compañero de estudios. Por eso es muy recomendable la práctica frecuente del egosurfing. Al menos para saber qué es lo que dice la red sobre nosotros y que no nos pillen por sorpresa.

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