lunes, junio 22, 2009

Empleados protéicos

En la mitología griega Proteo (Proteus) era una deidad marina. Hijo de Poseidón, tenía el poder de predecir el futuro, aunque, capaz de cambiar de forma a su antojo, sólo lo revelaba a aquellos que conseguían seguirle la pista pese a sus múltiples metamorfosis.

Lo explico al hilo de la presentación que esta tarde ha hecho en IESE el profesor de la Universidad de Boston Douglas T. Hall sobre "carreras protéicas" (Protean Careers), un concepto que introdujo en 1976 en su libro Career in Organizations como una forma emergente de trayectoria profesional y que hoy, más de treinta años después, se está imponiendo como la única viable.

Cuando el trabajo para toda la vida ha pasado a la historia la única seguridad en el empleo es la que se pueda derivar de nuestra propia empleabilidad. En este contexto una carrera "protéica" se aparta de la tradicional concepción lineal de carrera profesional. Se caracteriza por la capacidad de mudar de forma en el tiempo, lo que presupone dos metacompetencias en el individuo: a) autoconciencia y b) adaptabilidad. Las carreras protéicas son autodirigidas -responden a las preferencias y necesidades del individuo más que a las de una organización-, relacionales -su éxito depende en gran parte del capital social de la persona-, y se sustentan en un ciclo continuo de aprendizaje. Podríamos describirlas como "carreras de carreras", compuestas por una sucesión de etapas con sustantividad propia.

Un concepto muy interesante y a tener en cuenta tanto por individuos como por organizaciones. Me pregunto en qué medida las empresas no debieran considerar el desarrollo de esas metacompetencias entre sus empleados -especialmente entre aquellos de mayor antigüedad- como una prioridad dentro del ámbito de su responsabilidad social corporativa en lugar de centrarse en iniciativas de otra naturaleza, más mediáticas pero en muchos casos pura cosmética.