El mercado de empleo se globaliza, ¿y a mí qué?

Pues a mí me da la sensación que muchos no son conscientes de lo que este fenómeno trae y traerá consigo: Lynda Gratton lo explicaba la semana pasada en su blog, Future of Work. Se refería al Reino Unido, pero sus argumentos son perfectamente exportables a cualquier país desarrollado: Nos guste o no vivimos en un mundo interconectado, donde las fronteras y las distancias cada vez tienen menos relevancia, donde la llamada economía de la información y el conocimiento tiene cada vez más peso, y los costes del transporte se reducen por mucho que el petroleo nos de algún que otro susto. Esto significa, ni más ni menos, que a no ser que nos dediquemos a una profesión que necesariamente haya de desempeñarse en un lugar específico (es decir, que seamos albañiles, camareros, peluqueros, masajistas, etc.), siempre será posible encontrar en algún rincón del planeta alguien capaz de hacer lo mismo que hacemos nosotros pero mejor, o más barato, o las dos cosas al mismo tiempo.

¿Qué supone esto en la práctica para las personas? Pues que todos aquellos trabajos que no haya que hacerlos necesariamente en un sitio específico estarán sujetos a una competencia creciente a escala global, por lo que quien se dedique a ese tipo de actividades y no se preocupe de mantener al día sus capacidades profesionales -tanto intelectuales como sociales-, o por cualquier circunstancia no lo logre, va apañado. Así de claro.

¿Nos parece un mensaje duro? Pues aun lo puede ser más si lo ponemos en el contexto de una sociedad con altos índices de fracaso escolar y desempleo juvenil, una población que envejece y vidas profesionales que se alargan. A mí, al menos, me da mucho que pensar.

Foto: duke.roul
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