Al mercado de trabajo es mejor no lanzarse sin red


Ayer tuve el placer de compartir mesa redonda en BCN Activa con Eva Collado y Pedro Rojas. El título era “Creando conexiones de valor para ampliar tu red de contactos” y estuvimos acompañados por un buen número de amigos.

En mi intervención me centré en la creciente importancia que tiene cuidar nuestros contactos profesionales en el contexto laboral actual. Me gustaría compartir aquí con vosotros algunas de las reflexiones que ayer les planteé a las personas que asistieron al evento:

Que el contexto laboral ha cambiado es evidente: nuevas profesiones, nuevas formas de organizar el trabajo, nuevas maneras de entender las relaciones entre las organizaciones y las personas que trabajan para ellas, un mercado de trabajo más global, dinámico y competitivo, la creciente automatización, el desacoplamiento entre crecimiento económico y creación de empleo... En resumen, un contexto laboral más complejo e incierto, donde todo cambia muy rápido y dónde será difícil que tengamos éxito si actuamos en solitario.

Como bien señalaron en su día los autores del Manifiesto Cluetrain “los mercados son conversaciones” y la revolución digital está posibilitando conversaciones hasta hace poco impensables que están transformando radicalmente esos mercados.

El mercado de trabajo no es una excepción. Si queremos tener éxito en ese mercado necesitamos participar en esas conversaciones. En primer lugar porque son el canal que nos permitirá llegar a donde está el trabajo y, en su caso, ser escogidos para realizarlo.

Hasta ahí nada nuevo. La mayor parte de los trabajos siempre se han conseguido a través de contactos y relaciones, pero en el contexto laboral actual cultivar nuestra red de contactos o, lo que es lo mismo, participar activamente en esas conversaciones, también nos proporciona valor de otras maneras.

Por ejemplo, participar en esas conversaciones es la forma de amplificar nuestra “marca personal” en un mercado de trabajo globalizado y saturado de información, y conseguir que llegue hasta potenciales empleadores que de otro modo no sabrían de nuestra existencia.

A través de esas conversaciones también podemos recibir feedback que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos, entender cuáles de nuestras cualidades son las más apreciadas por el mercado, y tomar conciencia de la imagen que proyectamos en éste.

Además, mediante esas conversaciones podemos identificar dónde se esconden las oportunidades profesionales, y discernir la información valiosa de la que no es relevante o de la que directamente es falsa o engañosa, que no es poca hoy en día.

Y también es una forma de aprender, mantenernos al día y, en último término preservar nuestra empleabilidad. Como señala George Siemens, padre del Conectivismo, “nuestra habilidad para aprender lo que necesitamos para mañana es más importante que lo que sabemos hoy”. Y en un entorno volátil y complejo, que nos obliga a entrar en una dinámica de aprendizaje continuo, esa habilidad depende en gran medida de nuestra capacidad de conversar con personas con las que aprender.

Finalmente, y no por ello menos importante, esas conversaciones nos dan acceso a ideas, recursos y personas que nos ayudan a hacer mejor nuestro trabajo y forman parte de ese “capital social personal” que cada vez más empleadores tienen en cuenta a la hora de seleccionar a unos colaboradores que, a la fuerza, necesitan ser más autónomos y aportar soluciones sin esperar a que sea “mamá empresa” quien se las proporcione.

Pero, ojo, para conseguir capturar todo el valor que potencialmente pueden proporcionarnos esas conversaciones es muy importante la actitud que mostremos en ellas. Para pedir antes hay que dar y en estas conversaciones todos tenemos muchas cosas que aportar y compartir. Solo así construiremos red y multiplicaremos nuestra capacidad para navegar en este nuevo contexto laboral volátil, incierto, complejo y ambiguo para el que nadie nos ha preparado.
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