Covid19 y salud mental


Hasta que se desató la pandemia de coronavirus, numerosos expertos en salud opinaban que las enfermedades mentales estaban llamadas a ser la epidemia del siglo XXI. En 2001, coincidiendo con el comienzo del siglo, la Organización Mundial de la Salud creaba su Programa Mundial de Acción en Salud Mental para hacer frente a este desafío. Los trastornos mentales se habían convertido en un problema que se agravaba día a día y que comprometía la salud de millones de personas, así como el desarrollo económico y social de los países. Se hacía necesario establecer una estrategia clara y coherente para corregir el desfase que existía entre las necesidades y las posibilidades reales de acción de los Estados en ese ámbito.

Sin embargo, durante las dos décadas que llevamos de siglo el número de personas afectadas por trastornos mentales no ha disminuido, sino que ha aumentado, y a un ritmo asombroso, principalmente como consecuencia de factores sociales, económicos y laborales vinculados a los cambios que está experimentando el mundo. En octubre de 2017, coincidiendo con el Día Mundial de Salud Mental, que aquel año estaba dedicado a la salud mental en el lugar de trabajo, la OMS estimaba que más de 300 millones de personas sufrían depresión y más de 260 millones experimentaban trastornos de ansiedad en todo el mundo.

Quién nos iba a decir entonces como estaríamos tres años más tarde…

En el momento de escribir estas líneas, casi 10 meses después de que el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunciase que la Covid19 alcanzaba el nivel de pandemia, más de 1,8 millones de personas en todo el planeta han fallecido por esta enfermedad. Posiblemente si ahora preguntásemos a aquellos expertos en salud cuál consideran que es la epidemia del siglo XXI muchos ya no dirían las enfermedades mentales sino la Covid19. 

Sin embargo, no es que los problemas de salud mental de la población se hayan arreglado, o hayan disminuido, como ha sucedido con la gripe o los resfriados. Por el contrario, la salud mental de las personas está sufriendo de lleno las consecuencias de la pandemia. 

Muchas personas tienen miedo a contagiarse, a la muerte, a contagiar a otros, a la posibilidad de perder amigos y familiares. Otras sufren la pérdida de seres queridos sin poder despedirse de ellos. Las hay que pierden su trabajo o sus ingresos, o tienen miedo a perderlos. Hay quienes sufren aislamiento, soledad. La avalancha de información a la que estamos sometidos no es que ayude a mejorar las cosas. De este modo la Covid19 se convierte en un estresor que puede contribuir al desarrollo, recaída o empeoramiento de diversas enfermedades mentales.

Además, hay evidencias de que la propia Covid19 puede traer consigo complicaciones neurológicas y mentales, como delirio, encefalopatía, agitación, accidente cerebrovascular, insomnio, pérdida del sentido del gusto y el olfato, ansiedad, depresión y síndrome de Guillain-Barré, de la misma manera que ciertos trastornos mentales preexistentes pueden aumentar el riesgo de complicaciones en caso de contraer el virus. Por ejemplo, hay evidencias de que las personas con demencia tienen una mayor susceptibilidad a la Covid19 y mayores tasas de muerte asociadas con la enfermedad.

Encima, la saturación de los sistemas sanitarios en ocasiones provoca la interrupción de los servicios asistenciales que reciben las personas que sufren esta clase de trastornos, lo que puede llegar a poner en riesgo la vida de personas que, por ejemplo, sufren de epilepsia, tendencias suicidas, dependencia de opioides o casos graves de alcoholismo (aunque aquí también debemos reconocer la increíble capacidad de reacción e imaginación que han demostrado muchas instituciones y profesionales y que les ha permitido encontrar vías alternativas para continuar prestando asistencia a esas personas en medio de la crisis).

Desde los primeros momentos de la epidemia la comunidad científica entendió que era necesario explorar el impacto que la crisis sanitaria podía tener en la salud mental de las personas. El primer estudio del que tenemos noticia es el de Al-Rabiaah et al., en enero de 2020, en el que analizaban la prevalencia de la ansiedad entre la población china expuesta a la enfermedad. Desde entonces miles de artículos se han escrito sobre el tema, incluyendo revisiones sistemáticas y metaanálisis, como el de Pappa et al., que confirmaba la existencia de tasas elevadas de ansiedad, depresión e insomnio entre el personal sanitario en países asiáticos, debido al miedo a infectarse y a contagiar a sus seres queridos o colegas, la rápida muerte de los pacientes, y la fatiga emocional y física a la que han estado sometidos, o el de Xiong et al., que evidenciaba tasas relativamente altas de ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático y angustia psicológica entre la población afectada por la Covid19 en diferentes países.

Nanos gigantum humeris insidentes

Siguiendo esta línea investigadora, en el número de enero de la revista científica Psychiatry Research se publicará el que por el momento es el trabajo de mayor envergadura sobre el impacto de la Covid 19 en la salud mental de los ciudadanos, que ya está disponible desde el mes pasado en versión online. El estudio ha sido realizado por un equipo de expertos canadienses dirigidos por Jude Mary Cénat, profesor de psicología clínica en la Universidad de Ottawa, con el objetivo de analizar los impactos de la pandemia Covid19 en la salud mental de las poblaciones afectadas para ayudar a desarrollar e implementar programas de salud mental basados en evidencias. 

Específicamente, los investigadores han dirigido sus esfuerzos a analizar (1) la prevalencia combinada de depresión, ansiedad, insomnio, trastorno de estrés postraumático y angustia psicológica en la población general; (2) las diferencias en la prevalencia combinada de estos problemas entre los profesionales sanitarios en comparación con la población general; (3) las diferencias de género en la prevalencia combinada de los problemas de salud mental investigados; y (4) posibles diferencias en los problemas de salud mental según las regiones geográficas en las que se realizaron los estudios.

Para este metaanálisis, los investigadores identificaron 2.189 artículos sobre el tema de los que solo 130 pasaron un primer filtro. De estos se seleccionaron 60, de los que 46 pasaron los criterios de calidad. A este número se agregaron cuatro artículos publicados con posterioridad a la búsqueda inicial, y cinco más que se encontraron la lista de referencias de un metaanálisis anterior. De esta manera al final los autores utilizaron para su investigación 55 artículos escritos entre enero y mayo de 2020 que, a través de 68 muestras independientes, analizan el impacto de la Covid19 en la salud mental de casi 190.000 personas en todo el mundo.

En cuanto al alcance de los estudios utilizados, la mayoría procede de China (45 muestras), pero también utilizaron trabajos desarrollados en Italia, Estados Unidos, Perú, España, Irán, entre otros países. Asimismo son mayoría los estudios que analizan el impacto en la salud mental del personal sanitario (41 muestras frente a 27 que analizan el impacto de la Covid19 sobre la salud mental de la población general).

¿Qué es lo que han encontrado?

En mi opinión hay tres hallazgos que es importante destacar:

En primer lugar, el metaanálisis confirma que se multiplican los casos de depresión, ansiedad, insomnio, trastorno de estrés postraumático y angustia psicológica. En concreto, en comparación con lo que encontramos en el último estudio de la OMS sobre trastornos comunes de salud mental, la prevalencia de la depresión en las poblaciones afectadas por Covid19 es más de tres veces mayor (15,97%) que en la población general (4,4%); mientras que la de la ansiedad es cuatro veces mayor (15,15% frente a 3,6%); y la del trastorno de estrés postraumático es cinco veces más alta (21,94% frente al 4%).

En segundo lugar, descubrimos que, en general, los trabajadores sanitarios muestran el mismo nivel o menos problemas de salud mental que el resto de la población, lo cual es consistente con lo observado en estudios realizados en crisis sanitarias anteriores (SARS, Ebola). No obstante, los autores señalan la necesidad de hacer estudios longitudinales para determinar si esta circunstancia está relacionada con estrategias de afrontamiento temporales asociadas con la posición de estos profesionales en primera línea de la lucha contra la pandemia, y por el riesgo de que una vez termine la pandemia el personal sanitario pueda desarrollar problemas de salud mental más graves. Los investigadores ponen como ejemplo la prevalencia de insomnio, que es más de dos veces mayor entre los trabajadores sanitarios, y que es un predictor de depresión e ideas suicidas.

En tercer lugar, los estudios analizados muestran que hombres y mujeres experimentan de manera similar los factores estresantes derivados de la pandemia. No obstante, los autores se preguntan si estos resultados pueden tener alguna relación con los roles de género predominantes en diferentes culturas. El motivo es que, mientras que en los estudios realizados en China (la mayoría de los utilizados en el metaanálisis) no se han encontrado diferencias de género, varios estudios realizados en Occidente y Oriente Medio (Mazza et al., 2020; Moccia et al., 2020; Moghanibashi-Mansourieh, 2020) sí muestran que las mujeres tienen un mayor riesgo que los hombres de desarrollar problemas de salud mental durante la Covid19. De ahí que apunten la necesidad de llevar a cabo más investigaciones en este sentido.

Como prácticamente cualquier investigación científica, este metaanálisis está sujeto a limitaciones que los autores reconocen en su artículo. Por ejemplo, la pandemia todavía no ha terminado y muchas investigaciones se llevan a cabo con prisa, ante la urgencia de la situación. Desde una perspectiva geográfica, la gran mayoría de la investigación se refieren a un único país: China, y apenas hay investigaciones sobre el impacto de la pandemia en la salud mental de los ciudadanos de países en desarrollo. Además, se han llevado a cabo muy pocos estudios entre supervivientes de la Covid19 que hayan desarrollado los síntomas más graves de la enfermedad.

En cualquier caso es un paso de gigante (o sobre hombros de gigantes) ya que estos hallazgos tempranos pueden guiar investigaciones posteriores y facilitar el desarrollo de programas de salud mental más eficaces tanto durante como después de la pandemia.

Referencia

Cénat, J. M., Blais-Rochette, C., Kokou-Kpolou, C. K., Noorishad, P. G., Mukunzi, J. N., McIntee, S. E., Dalexis, R. D., Goulet, M. A., & Labelle, P. R. (2020). Prevalence of symptoms of depression, anxiety, insomnia, posttraumatic stress disorder, and psychological distress among populations affected by the COVID-19 pandemic: A systematic review and meta-analysis. Psychiatry Research, 295

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