Que nadie se llame a engaño

Al hilo de la entrada sobre el anuncio que Ernest Shackleton publicó en la prensa para reclutar a los miembros de una de sus expediciones a principios del siglo pasado, Xaime Mariño me envía desde Galicia otro anuncio, más antiguo aún. Es de Pony Express, los primeros mensajeros que cruzaban a caballo el “Far West” desde Missouri a California a finales del S. XIX. Por lo que se ve tampoco se andaban con eufemismos a la hora de comunicar su oferta en el mercado de empleo. El anuncio decía así:

“Wanted young, skinny, wiry fellows not over eighteen. Must be expert riders willing to risk death daily. Orphans preferred. Wages $25 per week”.

Me trae a la cabeza un chiste que se hizo bastante popular hace algunos años:

"Una directora de recursos humanos se muere. Al llegar a las puertas del cielo San Pedro le explica que ahora se permite a los fallecidos elegir entre ir al cielo y al infierno, pero antes de decidirse deberá pasar un día en el cielo y otro en el paraíso. La directora le dice que no hace falta, que tiene claro que prefiere ir al paraíso. Pero las reglas son las reglas, así que la directora de RRHH baja en ascensor hasta el infierno. Lo que encuentra al otro lado de la puerta no tiene nada que ver con la imagen que los vivos tenemos del infierno. En un verde campo de golf se encuentra a sus amigos ya fallecidos, elegantemente vestidos. Juegan un partido y luego cenan langosta y caviar iraní y beben champagne francés. Conoce al diablo, un tipo atractivo con acento argentino, vestido con un esmoquin, a quien le gusta bailar y contar chistes. Todo es tan divertido que sin que se de cuenta llega la hora de marcharse. Todos le acompañan hasta la puerta y le besan para despedirse. Las siguientes veinticuatro horas las pasa en el paraíso, tocando el arpa, cantando y flotando entre las nubes. Transcurrido el tiempo aparece San Pedro:

-Ya has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora has de decidir dónde prefieres quedarte durante toda la eternidad.

-El cielo está muy bien, pero lo cierto es que, después de haberlo probado, preferiría quedarme en el infierno.

San Pedro le acompaña hasta el ascensor y, de nuevo, la ejecutiva baja hasta el infierno. Cuando las puertas se abren se encuentra en medio de una tierra yerma, cubierta de basura y excrementos. El calor es sofocante y huele a azufre. Ve a todos sus amigos, cubiertos de llagas y porquería y vestidos con harapos, recogiendo desperdicios y metiéndolos en bolsas. El diablo le agarra por el hombro:

-No entiendo - balbucea la mujer- ayer estuve aquí y esto era un campo de golf y un club. Comimos langosta y caviar y bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es una tierra desierta llena de desperdicios y todos mis amigos parecen unos miserables. ¿Qué ha pasado?

-Parece mentira que seas precisamente tu quien lo preguntes –le contesta el diablo-. Lo único que sucede es que ayer eras una candidata y hoy ya eres parte de la plantilla".

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