Estrategias en la incertidumbre


Las empresas se enfrentan a un futuro incierto. La incertidumbre no se limita a cuánto durará o cómo de profunda será la crisis, sino que llega a cuestionarse la continuidad del propio sistema económico. Debido a la inseguridad se dejan de tomar decisiones y muchas iniciativas y proyectos no llegan a ver la luz. En este contexto, la principal responsabilidad de los líderes empresariales debe ser superar la parálisis que atenaza a muchas organizaciones. Es una cuestión de supervivencia, pero también de prepararse para capturar las enormes oportunidades que siempre se abren en períodos de alta incertidumbre. A este respecto es muy recomendable este artículo de Lowell Bryan y Diana Farrell publicado en el número de diciembre de The McKinsey Quarterly.

Los autores argumentan que las empresas tienen que reinventar su proceso de planificación estratégica. No hay más que ver cómo se elaboran los presupuestos anuales en muchas compañías: se aplican pequeñas variaciones a los datos históricos y se añaden de forma más o menos disimulada "colchones" por lo que pueda pasar. La realidad de los mercados hace que con frecuencia estos planes quedan obsoletos enseguida, a veces incluso antes de que empiece el ejercicio. Hoy en día la incertidumbre sobre la duración y la profundidad de la crisis y cuanto tardarán los mercados financieros en recuperarse es tan grande que este método de planificación ya no sirve. Hacer un presupuesto así simplemente es perder el tiempo.

Hoy el objetivo es la continuidad a largo plazo de la empresa y no alcanzar, a cualquier precio, los resultados trimestrales que esperan los analistas bursátiles. Tampoco vale decidir una estrategia y mantener el timón firme contra viento y marea. Lo más probable es que esta actitud no nos conduzca sino al desastre. Hoy una empresa debe ser capaz de generar una multiplicidad de alternativas para los diferentes escenarios que pueden presentarse y poder cambiar de rumbo conforme se vaya modificando el entorno.

Para ello las empresas tienen que empezar por reflexionar sobre cuál es el potencial de la organización en los distintos escenarios previsibles, del mismo modo que también deberían preocuparse por entender el nivel de preparación de competidores, clientes y proveedores para enfrentarse a cada uno de ellos. Además deberían aprovechar la crisis para replantearse sus estructuras organizativas y adoptar soluciones más flexibles, que favorezcan la toma de decisiones de calidad, la reasignación rápida de recursos, la colaboración y el aprovechamiento de la creatividad y el talento de todas las personas que trabajan en la organización.
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