Lo explicaba hace unos días Daniel H. Pink en un artículo publicado en Telegraph.co.uk . La política de vacaciones de Netflix es bien simple: no hay política de vacaciones. Empleados y directivos pueden cogerse las vacaciones que quieran, cuando quieran, y nadie lleva la cuenta de cuantas ha disfrutado cada persona. Fundada en 1999, hasta 2004 Netflix trataba las vacaciones de forma tradicional. Cada empleado podía disfrutar de un número limitado de días al año. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que si sus empleados contestaban correos los fines de semana, o resolvían problemas de trabajo por las noches en su casa, no tenía mucho sentido controlar las horas de presencia de cada individuo, así que del mismo modo que decidieron no tener un horario de trabajo, también decidieron darle finiquito a su política de vacaciones. De este modo, ahora los 600 empleados de la compañía pueden disfrutar de las vacaciones que quieran con la única condición de que informen a sus jefes y que sus responsabilidades queden debidamente cubiertas.
Otra manifestación de la confianza que la empresa deposita en sus empleados es su política de gastos. Sólo cinco palabras pero que lo dicen todo: "Act in Netflix's Best Interests". Sin embargo, este alto grado de responsabilidad y autonomía que la empresa otorga a sus empleados no está reñido con un elevado nivel de exigencia. Es más, precisamente es esta exigencia la que permite dar tanta libertad a las personas. Como se explica abiertamente en la siguiente presentación sobre la cultura de la compañía, en Netflix "un nivel de rendimiento adecuado lleva asociada una generosa indemnización por despido".
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