03 julio 2007

El lado amable de la complejidad

por Santi Garcia

La complejidad es una de las bestias negras contra las que tradicionalmente han luchado las empresas en sus campañas de restructuración y recorte de gastos. La complejidad tiene mala prensa en el mundo empresarial. Normalmente se la considera un problema, una fuente de costes y de ineficiencias. Tal vez es por esto que me ha llamado la atención un artículo publicado en el último número de The McKinsey Quarterly titulado «Cracking the complexity code» y que aporta una visión diferente de esta cuestión.

En resumen, los autores plantean que si las empresas considerasen la complejidad como una oportunidad que puede ser gestionada, y potencialmente aprovechada, en lugar de verla como una amenaza que hay que eliminar, podrían dar con fuentes adicionales de diferenciación y de ventajas competitivas. Por ejemplo: La complejidad de una organización puede aumentar su capacidad de adaptación frente a los cambios del entorno, al mismo tiempo que supone una barrera para aquellos competidores que intenten replicar su modelo de negocio.

La complejidad es inevitable, y más aún en un mundo cada vez más interconectado como el que nos toca vivir. En este contexto, las empresas, más que empeñarse en reducir la complejidad a toda costa, deberían preguntarse qué beneficios pueden sacar de ella y preocuparse por desarrollar los procesos, las habilidades y la cultura adecuadas para gestionarla con eficacia.

Imagen vtgard bajo licencia Creative Commons

2 Comentarios

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  1. Buen artículo. Siempre he pensado que tendemos a confundir simplificar con homogeneizar, sin darnos cuenta que tratar de hacer las cosas de la misma manera estandarizada crea más complejidad y quizás destruye valor.

    Por eso la primera pregunta es, ¿complejo para quien? ¿para los clientes, los empleados o los managers?

    Estoy totalmente convencido que una estructura institucional compleja puede sin embargo mostrar una cara simple a nivel individual.

    Saludos,
    Antonio.

  2. Hola Santiago,
    me nutren intelectualmente tus artículos, al abrirme caminos que transito con curiosidad.
    Y también muy acertado Antonio en su comentario.
    Un equipo de baloncesto o de fútbol es caótico (o lo parece) en su funcionamiento, y desde luego es complejo, muy complejo, en sus movimientos y en su estructura. Pero su complejidad no es más que una cosa: una organización que le permite tener capacidad de defensa, y también de conseguir sus objetivos (el gol). La complejidad no le resta capacidad de adaptación a los cambios,es el motor de esa capacidad de respuesta.
    Y así, si está bien trabajada esa complejidad, el equipo se mueve como un todo, con claridad, orden y sencillez.
    Espero que no sea una tontería, este desvarío.
    Un saludo.
    Xaime