viernes 27 de enero de 2012

Microblogging corporativo: el trabajo en vivo y en directo


Un número creciente de empresas está tomando conciencia de que para sobrevivir en un entorno turbulento necesitan organizarse de otro modo, menos vertical, unidireccional y rígido.

Las estructuras organizativas tradicionales, formadas por "puestos" unidos entre sí por líneas de "dependencia", y diseñadas para garantizar la eficiencia de los procesos y el control de las operaciones, resultan poco flexibles cuando de lo que se trata es de leer un mercado volátil, detectar tendencias, tomar decisiones en la incertidumbre, reconfigurarse con rapidez y aportar nuevas soluciones antes de que lo hagan otros. Por el contrario, se necesitan estructuras más ágiles y orgánicas. Sin embargo, tal y como en 1996 anticipaban Hamel y Prahalad en "Competing for the Future", por muy livianas que sean esas nuevas organizaciones, seguirán necesitando un "cerebro", pero no será, como hasta ahora, el de una élite de ejecutivos, sino una amalgama de la inteligencia colectiva y la imaginación de todos los directivos y empleados de la empresa.

Quince años después más y más empresas se animan a experimentar con fórmulas de trabajo colaborativo. Quienes trabajan en estos nuevos entornos organizativos son los nodos de una malla de relaciones por donde fluye la información, se genera nuevo conocimiento, se asignan recursos, se toman decisiones, y se crea valor para el negocio. En estructuras así no se precisan directivos dedicados a transmitir "instrucciones" y controlar su cumplimiento. No aportan nada. Lo que se necesita, en cambio, son líderes que ayuden a crear contextos organizativos que faciliten el desarrollo de esas relaciones (aunque hay quien cree que ni siquiera eso).

Los medios sociales son uno de los instrumentos tecnológicos que pueden ayudar a crear ese tipo de contextos, y facilitar la adopción de fórmulas de trabajo en red, en la medida que posibilitan, a un coste próximo a cero, el acceso rápido a información, el desarrrollo de conversaciones entre los miembros de la organización, el intercambio de ideas, o simplemente que éstos puedan compartir "en vivo y en directo" los temas en los que están trabajando, cómo los están trabajando, o la ayuda que necesitan en cada momento, con independencia del lugar del globo en que se encuentren.

Un ejemplo de estas herramientas son las soluciones corporativas de microblogging, muy similares a un Twitter interno, y a través de las cuales los miembros de la organización comparten lo que hacen en su trabajo. Poco a poco las empresas van reconociendo el valor que les aporta esta narración en directo del trabajo de cada uno de los miembros de la organización. De hecho, investigadores del trabajo en red, como Harold Jarche consideran esta narrativa, junto a la transparencia y a la distribución del poder, uno de sus tres elementos definitorios.

Ahora bien, la introducción de este tipo de soluciones en una organización ha de hacerse con cuidado. No basta con comprar unas licencias. Para cualquiera que os estéis planteando hacerlo, o ya tengáis una red de microblogging en vuestra empresa pero pensáis que no le estáis sacando todo el partido que podríais, os pueden resultar interesantes las conclusiones de un experimento llevado a cabo por Hans de Zwart, Gerente de Innovación para Tecnologías Globales de Aprendizaje en Shell, para analizar el impacto del uso de herramientas de microblogging sobre el rendimiento de equipos virtuales.

Durante 2 meses los 18 miembros del equipo de Hans retransmitieron su trabajo diario en una red en Yammer. De promedio, el tiempo dedicado por los individuos a escribir entradas en la red fue ligeramente inferior a 5 minutos diarios y el dedicado a leerlas ligeramente superior a esa cifra. Así y todo, los participantes en el experimento señalaron la falta de tiempo como el principal factor limitante para un uso más activo de la herramienta, seguido, muy de lejos, por la falta de comodidad con la idea de compartir públicamente su actividad, y, finalmente, la falta de comprensión de la plataforma utilizada.

Entre los beneficios, el más destacado fue que el experimento ayudó a los miembros del equipo a entender mejor lo que estaban haciendo sus compañeros, proporcionándoles una visión más amplia del funcionamiento de la unidad. Aunque durante el experimento únicamente los miembros del equipo tenían acceso a la red, se detectó que abrir la audiencia a otras unidades de la organización podría ser beneficioso, ya que las entradas de los miembros del equipo podrían inspirar o aportar información de valor a personas de otras áreas, pero, por otro lado, inhibiría el tono "social" de muchos de los mensajes. Una posible solución pasaría por establecer dentro de la red diferentes grupos temáticos a los que tendrían acceso personas ajenas al equipo, manteniendo un grupo para el uso exclusivo de sus miembros.

En cuanto al estilo de los mensajes, los participantes en el experimento dijeron preferir mensajes cortos (un párrafo) y emitidos lo más cerca posible de cuando suceden las cosas (no, por ejemplo, una entrada escrita el viernes sobre algo que sucedió el lunes). También señalaron su preferencia por mensajes con un toque de simpatía y humor.

Otra de las conclusiones fue el efecto negativo que tiene imponer el microblogging como una obligación. Por el contrario, la introducción de este tipo de soluciones deberían acompañarse de acciones dirigidas a sensibilizar de sus beneficios y a convertir su uso en un hábito, aunque también sea importante establecer expectativas claras acerca del volumen de narrativa que se espera de sus usuarios.

Personalmente, añadiría a la lista la importancia de animar a estos microbloggers corporativos a ser valientes. Es muy positivo contar con personas que comparten sus logros con el resto de la organización, pero lo es aun más contar con individuos que comparten también sus fracasos y lo que aprenden de ellos.

Bienvenidos a la era del "worktelling"


Imagen: Freepik

miércoles 18 de enero de 2012

Los grandes se apuntan al coworking

A muchos les puede parecer que esto del coworking es algo reservado para teletrabajadores o autónomos en busca de calor humano, o para startups que necesitan compartir gastos. Sin embargo, algunas grandes empresas se han dado cuenta que estar presentes en centros de trabajo compartido puede reportarles beneficios nada despreciables.

En los centros de coworking es frecuente encontrar comunidades dinámicas, que trabajan en soluciones tecnológicas o modelos de negocio innovadores, y que aprovechan, a la vez que definen, las últimas tendencias del mercado. Una realidad que contrasta con la de muchas grandes corporaciones, en ocasiones prisioneras de su inercia, del "porque siempre se ha hecho así", de la autocomplacencia, de estructuras escleróticas, o del interés de algunos de sus dirigentes de preservar un status quo que les beneficia.

Sin embargo hay empresas valientes, capaces de entender las ventajas de salir de sus torres de marfil. De forma parecida a como en su día Eli Lilly decidió impulsar la plataforma Innocentive y compartir con el mundo los problemas de innovación a que se enfrentaba, en el convencimiento de que las mejores soluciones no tenían por qué provenir de dentro de su organización, o como los directivos de GoldCorp llegaron a la conclusión de que encontrarían oro mucho más rápido si hacían pública su base de datos de información geológica, grandes corporaciones están empezando a ver esos espacios de coworking como lugares donde escuchar y aprender acerca de como está cambiando el mundo.

Por ejemplo, hay empresas que deciden alejar su área de innovación de la influencia del resto de funciones corporativas y ubicarla en un entorno donde quienes trabajan en esa área puedan relacionarse con innovadores de otras compañías y beneficiarse de un proceso de "polinización cruzada". Hay incluso quien toma la iniciativa de impulsar su propio centro de coworking donde acoger y cultivar una comunidad de innovadores diseñada a la medida de sus necesidades.

Esto precisamente es lo que hicieron BlueVia, filial de Telefónica, el conglomerado editorial británico Pearson, y el propio Google cuando hace poco más de año y medio pusieron en marcha TechHub, un centro de trabajo compartido en el centro de Londres. A cambio de prestar su apoyo financiero, estas empresas pueden utilizar el espacio para sus eventos de empresa, pero, sobre todo, tienen acceso a un foro de muy alto nivel -los residentes de TechHub pasan un proceso de selección- a quien presentar y con quien discutir sus proyectos, así como obtener información de primera mano acerca de lo que se cuece en el universo de las startups tecnológicas. Los residentes de TechHub, por su parte se benefician de una visibilidad que para muchos emprendedores y freelancers es difícil de conseguir.

En relación a esta iniciativa me parece muy ilustrativo el siguiente video donde se explica la relación entre BlueVia y TechHub:


TechHub and BlueVia Partnership from BlueVia on Vimeo.

jueves 12 de enero de 2012

En MarketYou sobre medios sociales y empleo

Antes de Navidad los miembros del equipo de MarketYou me pidieron que les diese mi opinión sobre su producto. Mantuvimos una distendida conversación sobre un proyecto innovador que rápidamente va madurando. De paso, me hicieron la siguiente entrevista, en que hablo sobre como están influyendo las redes sociales en el mercado laboral:



Para quienes todavía no conocéis MarketYou, por una parte se trata de un servicio de orientación profesional que, entre otras cosas, aporta a sus usuarios un indicador de empleabilidad (myIndex) que compara el curriculum que tienen colgado en la Red con lo que realmente demanda el mercado laboral. Además, incorpora una potente herramienta psicométrica que les ayuda a conocerse mejor y a descubrir cuales son sus cualidades diferenciales, una práctica muy aconsejable antes de emprender un proceso de búsqueda de empleo.

A partir de ahí les proporciona recomendaciones sobre el tipo de experiencias que se ajustan mejor a su perfil -y cuales evitar- y les da consejos sobre como mejorar ese índice de empleabilidad atendiendo a lo que ya son y a lo que buscan las empresas. Una información simpre valiosa para quien busca un nuevo trabajo o simplemente quiere crecer en el plano profesional.

Por otra parte, MarketYou también quiere convertirse en una plataforma donde las empresas puedan encontrar con facilidad candidatos con capacidades, valores y preferencias que encajen con sus necesidades y su cultura organizativa, algo que no siempre resulta fácil a través de los portales de empleo tradicionales.

Les deseo mucho éxito.

jueves 5 de enero de 2012

12 meses, 12 oportunidades de cambio


El inicio de un nuevo año siempre es época de buenos propósitos: dejar de fumar, ponerse a dieta, apuntarse a un gimnasio, aprender un nuevo idioma...

En muchas empresas se percibe una actitud parecida: ganas de aprovechar el cambio de ejercicio para hacer algunas cosas de forma diferente, poner en marcha nuevos proyectos, o revelarse frente a los malos augurios.

En este sentido, en el ámbito de la organización y dirección de personas, varias voces apuntan a que 2012 podría ser (por fin) el año de la empresa social, el año en que podremos constatar qué supone "la revolución de los medios sociales" para el mundo del trabajo y la organización empresarial.

Por eso supongo que unos cuantos empresarios y directivos habrán incluido en sus listas de buenos propósitos llevar a sus compañías hacia un modelo de empresa más social, que favorezca el desarrollo de una cultura de colaboración y comunidad con sus stakeholders. Para ellos, los Reyes me han dejado una lista con doce temas sobre los que reflexionar y en los que trabajar durante 2012. Son los siguientes:
  1. Autoconocimiento: ¿En qué medida nos conocemos a nosotros mismos? (nuestras capacidades como líderes, la opinión que tienen de nosotros nuestros colaboradores, la compleja realidad de la organización que dirigimos y sus stakeholders, la imagen que proyectamos en el mercado de empleo,...)
  2. Interpretación del entorno: ¿Somos capaces de interpretar los cambios que se producen en el entorno y detectar tendencias relevantes para el futuro de nuestro negocio y nuestra organización? ¿Conocemos cuáles son las capacidades de las que dependerá (o puede depender) nuestra competitividad?  
  3. Agilidad y flexibilidad: ¿Somos ágiles adaptando nuestra estrategia a esos cambios? ¿Sabemos dónde, cuándo y cómo conseguir esas capacidades? ¿Podría un excesivo foco en objetivos de eficiencia haber hipotecado nuestra flexibilidad ante cambios imprevistos? ¿De qué inercias somos prisioneros? ¿Cuáles son los paradigmas o ideas preconcebidas que rigen el comportamiento de los miembros de la organización? ¿Cuáles de ellos deberíamos desterrar? ¿Qué nos impide hacerlo?
  4. Diversidad: ¿Cultivamos suficientemente la "bio-diversidad" de nuestra organización? ¿Fomentamos la incorporación de personas con perspectivas diferentes y complementarias? ¿Conocemos y aprovechamos -siguiendo la terminología de Gardner- las diferentes "inteligencias" de sus miembros?
  5. Colaboración: ¿Disponemos de un entorno de trabajo colaborativo, que favorece el intercambio y la co-creación de conocimiento, y potencia la inteligencia colectiva de la organización, o, por el contrario, trabajamos como departamentos estancos? ¿En qué medida la infraestructura tecnológica y el diseño de los espacios de trabajo favorecen esa colaboración?
  6. Apertura: ¿Nos sentimos cómodos en un mundo donde la información fluye libre? ¿Hasta qué punto somos transparentes? ¿Cómo podemos abrirnos todavía más a nuestro entorno para adquirir y desarrollar las capacidades de las que depende la competitividad de la organización? ¿Cómo podemos colaborar más estrechamente con clientes o incluso con competidores?
  7. Aprendizaje: ¿Qué valor le damos al aprendizaje informal? ¿Los procesos de aprendizaje están debidamente integrados en la organización del trabajo? ¿Aprendemos de nuestros errores? ¿Estaríamos dispuestos a provocar "errores inteligentes" de los que aprender?
  8. Relaciones informales: ¿Conocemos las redes de relaciones informales que vinculan a los individuos entre sí y que determinan, entre otras cosas, cómo se hace el trabajo en la práctica o cómo se interpretan los cambios que experimenta la organización? ¿Sabemos cómo influir en esas redes?
  9. Liderazgo: ¿Qué tal se adaptan los directivos de la empresa a un contexto incierto, sobre-informado e hiper-conectado, en el que es imposible tenerlo todo controlado, donde el "se hace porque yo lo digo" ya no vale, y el liderazgo es determinado por el valor de la contribución de cada uno? ¿Sabemos cómo ayudarles?
  10. Jerarquías: ¿Qué disfuncionalidades genera la estructura formal de la empresa? ¿Qué cambios deberíamos practicar en el organigrama para resolverlas? ¿Qué actividades podríamos contratar en el mercado en lugar de hacerlas en casa?
  11. Felicidad y compromiso: ¿Son felices las personas de la organización? ¿De qué manera lo que experimentan y las relaciones que establecen en el marco de nuestra organización contribuyen a su felicidad? ¿Cuantas de ellas podríamos decir que se encuentran -en palabras de Csikszentmihalyi- en un estado de "flujo"?
  12. Recursos Humanos: ¿Está la organización de Recursos Humanos de nuestra empresa (sus prácticas, su estructura, las capacidades de sus profesionales) debidamente preparada para ayudarnos en semejante travesía?
Y es que dificilmente 2012 será el año de la empresa social si quienes tenemos algo que decir sobre la gestión de las personas en las organizaciones no nos ponemos manos a la obra desde hoy mismo.

Foto: eccampbell

miércoles 28 de diciembre de 2011

Porque hoy, como entonces, también debemos romper paradigmas


"Los dogmas de un pasado tranquilo no son adecuados para nuestro tempestuoso presente. La ocasión está cargada de dificultades y debemos crecernos con ella. Ya que nuestra situación es algo nuevo, debemos pensar, y actuar, de una forma nueva."


"The dogmas of the quiet past, are inadequate to the stormy present. The occasion is piled high with difficulty, and we must rise -- with the occasion. As our case is new, so we must think anew, and act anew." 

(Abraham Lincoln, diciembre 1862)