lunes, 21 de abril de 2014

Ya no vivimos en el centro del mundo


Deberíamos ir haciéndonos a la idea: ya no vivimos en el centro del mundo

Durante este mes de abril he visitado Brasil y Turquía, dos países que tienen muchas cosas en común, a pesar de la distancia que los separa.

En comparación con la envejecida Europa sus poblaciones son mucho más jóvenes (la mediana de edad en ambas naciones está en torno a los 30 años frente a los 41 en España). 

Sus economías crecen moderadamente después del importante bache que ambas padecieron en 2012 tras una década de expansión que parecía que nunca iba a tener fin. Y aunque la clase media crece y sus sistemas políticos son democráticos todavía queda mucho camino por recorrer en materia de justicia social y libertades civiles.

Además, los dos países sufren sistemas normativos complejos y proteccionistas que restan agilidad a sus economías, y sus infraestructuras, aunque mejoran a ojos vista, son a todas luces insuficientes y representan otro obstáculo para su crecimiento, lo mismo que la escasez de talento cualificado, que se traduce en una alta rotación y un calentamiento de la retribución de ciertas categorías profesionales.

Incluso desde un punto de vista cultural, a pesar de que los estereotipos que habitualmente manejamos para describir a turcos y brasileños son muy distintos, creo que en el fondo ambas culturas no son tan diferentes. Por ejemplo, la importancia que dan a las relaciones interpersonales, el estilo contextual que predomina en las conversaciones de negocios, o las diferencias jerárquicas que todavía existen entre los directivos y el resto de empleados en muchas organizaciones.

Constatar esas similitudes me ha dado que pensar. Siendo tantos los puntos en común, para un directivo turco no tiene que ser excesivamente difícil adaptarse al entorno laboral brasileño, lo mismo que a un directivo de Brasil no tiene que costarle demasiado entender la idiosincrasia del mercado turco. En cualquier caso menos de lo que, en general, le costaría a un directivo occidental adaptarse a la realidad de cualquiera de esos dos mercados…

Sin embargo, las empresas, incluso aquellas que se autoproclaman compañías globales, no suelen tener en cuenta esta realidad cuando diseñan sus políticas de diversidad, cuando planifican su talento, o cuando contratan a sus ejecutivos.

Es cierto que cada vez son más las empresas donde tener "experiencia internacional" es un requisito imprescindible para acceder a puestos directivos, pero, al final, nos encontramos con que la mayoría de esos directivos han estudiado en las mismas escuelas de negocios, han trabajado para el mismo tipo de empresas, y por mucho que hayan estado destinados en otros países, han seguido viviendo como occidentales, con lo que la diversidad de puntos de vista que pueden aportar por mucha experiencia internacional que supuestamente tengan es, en realidad, muy relativa.

Una alternativa, en mi opinión, es repensar las prácticas de captación de talento y las políticas de diversidad de las empresas para incorporar directivos procedentes del mundo emergente, normalmente mejor preparados que un directivo occidental para entender su mercado de origen, y otros con circunstancias similares.

De este modo estaremos contribuyendo a mejorar la competitividad de nuestras empresas en un escenario donde el centro de gravedad de la economía mundial se desplaza hacia el sur y hacia el este a una velocidad sin precedente, dando paso a un mundo multipolar donde, para tener éxito, las empresas necesitan desarrollar nuevos productos y servicios que encajen en esos mercados, pero también modelos de gestión alternativos que les permitan navegar una nueva realidad, más diversa, compleja, volátil e incierta.

miércoles, 9 de abril de 2014

Al mercado de trabajo es mejor no lanzarse sin red


Ayer tuve el placer de compartir mesa redonda en BCN Activa con Eva Collado y Pedro Rojas. El título era “Creando conexiones de valor para ampliar tu red de contactos” y estuvimos acompañados por un buen número de amigos.

En mi intervención me centré en la creciente importancia que tiene cuidar nuestros contactos profesionales en el contexto laboral actual. Me gustaría compartir aquí con vosotros algunas de las reflexiones que ayer les planteé a las personas que asistieron al evento:

Que el contexto laboral ha cambiado es evidente: nuevas profesiones, nuevas formas de organizar el trabajo, nuevas maneras de entender las relaciones entre las organizaciones y las personas que trabajan para ellas, un mercado de trabajo más global, dinámico y competitivo, la creciente automatización, el desacoplamiento entre crecimiento económico y creación de empleo... En resumen, un contexto laboral más complejo e incierto, donde todo cambia muy rápido y dónde será difícil que tengamos éxito si actuamos en solitario.

Como bien señalaron en su día los autores del Manifiesto Cluetrain “los mercados son conversaciones” y la revolución digital está posibilitando conversaciones hasta hace poco impensables que están transformando radicalmente esos mercados.

El mercado de trabajo no es una excepción. Si queremos tener éxito en ese mercado necesitamos participar en esas conversaciones. En primer lugar porque son el canal que nos permitirá llegar a donde está el trabajo y, en su caso, ser escogidos para realizarlo.

Hasta ahí nada nuevo. La mayor parte de los trabajos siempre se han conseguido a través de contactos y relaciones, pero en el contexto laboral actual cultivar nuestra red de contactos o, lo que es lo mismo, participar activamente en esas conversaciones, también nos proporciona valor de otras maneras.

Por ejemplo, participar en esas conversaciones es la forma de amplificar nuestra “marca personal” en un mercado de trabajo globalizado y saturado de información, y conseguir que llegue hasta potenciales empleadores que de otro modo no sabrían de nuestra existencia.

A través de esas conversaciones también podemos recibir feedback que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos, entender cuáles de nuestras cualidades son las más apreciadas por el mercado, y tomar conciencia de la imagen que proyectamos en éste.

Además, mediante esas conversaciones podemos identificar dónde se esconden las oportunidades profesionales, y discernir la información valiosa de la que no es relevante o de la que directamente es falsa o engañosa, que no es poca hoy en día.

Y también es una forma de aprender, mantenernos al día y, en último término preservar nuestra empleabilidad. Como señala George Siemens, padre del Conectivismo, “nuestra habilidad para aprender lo que necesitamos para mañana es más importante que lo que sabemos hoy”. Y en un entorno volátil y complejo, que nos obliga a entrar en una dinámica de aprendizaje continuo, esa habilidad depende en gran medida de nuestra capacidad de conversar con personas con las que aprender.

Finalmente, y no por ello menos importante, esas conversaciones nos dan acceso a ideas, recursos y personas que nos ayudan a hacer mejor nuestro trabajo y forman parte de ese “capital social personal” que cada vez más empleadores tienen en cuenta a la hora de seleccionar a unos colaboradores que, a la fuerza, necesitan ser más autónomos y aportar soluciones sin esperar a que sea “mamá empresa” quien se las proporcione.

Pero, ojo, para conseguir capturar todo el valor que potencialmente pueden proporcionarnos esas conversaciones es muy importante la actitud que mostremos en ellas. Para pedir antes hay que dar y en estas conversaciones todos tenemos muchas cosas que aportar y compartir. Solo así construiremos red y multiplicaremos nuestra capacidad para navegar en este nuevo contexto laboral volátil, incierto, complejo y ambiguo para el que nadie nos ha preparado.

miércoles, 2 de abril de 2014

Mi blog cumple 8 años


Hoy hace ocho años que escribí la primera entrada en este blog. Entre aquella entrada y ésta median más de 500 posts sobre el arte (y la ciencia) de dirigir personas en un mundo en red. Quién me iba a decir entonces que esto daría tanto de sí: nuevas líneas de investigación, clases, conferencias, proyectos, un libro... Aunque si me tengo que quedar con una cosa de las muchas que me aporta esta actividad sois, sin duda, vosotros: la gente tan fantástica que me ha permitido conocer y de la que aprendo nuevas cosas cada día.

Gracias a todos!!

jueves, 27 de marzo de 2014

Una buena noticia para los "makers"


Hoy se inaugura dentro del MOB – Makers of Barcelona (Bailén 11) el que, según sus impulsores, será el primer FabCafe de Europa y el tercero del Mundo.

Un FabCafe es un espacio donde, como su nombre indica, uno se puede tomar un café, pero, a diferencia de un café normal, también podemos utilizar una variedad de instrumentos tecnológicos de fabricación digital como cortadoras laser o impresoras 3-D.

Sin embargo, no se trata de replicar el modelo de los cibercafés de los años noventa, más parecidos a locutorios telefónicos que a otra cosa, donde cada cliente/usuario iba a la suya.

La idea es que este espacio se convierta en un punto de encuentro e intercambio de conocimiento de la comunidad local de “makers” y en un nodo de una red global de comunidades unidas por los mismos valores: “compartir, colaborar, aprender y crear”.

¿Y a qué viene todo esto? Bueno, os lo cuento porque el movimiento “maker” ⎯del que esta iniciativa y el propio MOB son claros exponentes⎯, refleja varias de las tendencias que están reconfigurando el mundo del trabajo y sobre las que ya hemos hablado en otras entradas anteriores.

Detrás de este movimiento está la democratización de los medios de producción,  resultado del progresivo abaratamiento de la tecnología, que hace que sea posible para más gente lanzarse a convertir sus ideas en prototipos, y eventualmente en productos que compitan en los mercados, o en nuevos inventos que mejoren el mundo.

En este contexto, los “makers” exploran las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, en particular las tecnologías de fabricación digital (impresión 3-D etc.), y buscan nuevas aplicaciones más allá de lo evidente.

La cultura “maker” es, además, aprendizaje informal en red, compartir ideas, colaboración, hacer lo que a uno le apasiona, le llena y le hace crecer.

Es, en pocas palabras, el “hacer es pensar” de Richard Sennet .

Un movimiento que está contribuyendo a la explosión de innovación que nos rodea y que muchas organizaciones bien podrían tomar como fuente de creatividad e inspiración…

Así que, desde aquí, mi felicitación a los impulsores del FabCafe y a todos los "makers" de Barcelona.

sábado, 22 de marzo de 2014

¿Hacia un mundo de trabajos más humanos?

Ayer tuve el placer de participar en Valencia en la 10ª Jornada TMT, donde compartí escenario con nuestro anfitrión Roberto Luna, Juan Mateo, Gustavo Piera y Pablo Herreros. Una auténtica gozada.

Coincidiendo con el evento, Roberto me pidió que escribiera para el diario Levante el siguiente artículo donde resumo las principales ideas de mi ponencia y que me gustaría compartir aquí con vosotros:

"El entorno socioeconómico está cambiando a un ritmo trepidante y nadie sabe a ciencia cierta a dónde nos llevan fenómenos como la revolución tecnológica o la globalización. El mundo del trabajo no es ajeno a estos cambios. La conectividad, la automatización, el envejecimiento de la población, y el desplazamiento de la economía mundial hacia el Sur y hacia el Este, entre otras tendencias, están transformando el mercado de empleo, la forma en que se organizan las empresas, y cómo, dónde y cuándo trabaja la gente. Los avances en los campos de la robótica y la inteligencia artificial no dejan de sorprendernos, la digitalización provoca que sectores enteros se tambaleen, los trabajos se desplazan de un lugar a otro del globo, y el mercado se divide entre trabajos “calientes”, muchos de ellos relacionados con la llamada economía del conocimiento y la creatividad, y otros donde, por el contrario, la oferta supera con creces la demanda y cuyos profesionales se las ven y se las desean para encontrar un empleo ante la dificultad de reciclarse hacia otras actividades. 
Todos esos cambios dibujan un panorama inquietante y sin embargo, aunque nos cueste creerlo cuando lo contemplamos desde un país situado en el epicentro del desempleo mundial, también cargado de oportunidades. Primero, porque el planeta sigue lleno de problemas por resolver y de gente dispuesta a pagar por ello, Y segundo porque las cualidades que vamos a necesitar para desenvolvernos en ese futuro no tan lejano son, precisamente, las que nos hacen más humanos.  
Y es que en esa economía del conocimiento y la creatividad, atributos como iniciativa, imaginación o inteligencia emocional, tienen mucho más valor que aquellas otras cualidades que caracterizaban al “trabajador modelo” de la era industrial, como obediencia, lealtad o dedicación, y que, hoy en día, las puede aportar una máquina. 
En este nuevo escenario lo que las organizaciones necesitan son personas dispuestas a colaborar para, entre todos, interpretar un entorno volátil y complejo, encontrar nuevas soluciones y tomar decisiones de forma más ágil y acertada que lo que puede hacer desde sus despachos una élite de directivos. Para ello hace falta que esas personas, además, pongan en juego toda su imaginación y sus redes de relaciones sociales. También se requieren personas más autónomas, capaces de desenvolverse en unas estructuras organizativas más ligeras, donde ya no hay unos supervisores que les vayan a decir lo que tienen que hacer en cada momento. 
Y en un mundo donde la esperanza de vida de tecnologías y empresas se reduce mientras la vida laboral de las personas se alarga, a lo anterior debemos sumar la necesidad que tienen los profesionales de mantenerse continuamente en alerta, atentos a donde surge la siguiente oportunidad, así como de conocerse bien a sí mismos y embarcarse en una dinámica de aprendizaje continuo para que el siguiente cambio no les coja en fuera de juego. 
En definitiva, un panorama que nos sacará de nuestra zona de comodidad y pondrá a prueba nuestra adaptabilidad, y que, aunque a algunos les dé algo de vértigo, nos obligará a cuestionarnos nuestros paradigmas, a buscar dentro de nosotros mismos cuáles son nuestros talentos y a explorar donde podemos aplicarlos. Un proceso que nos hará desarrollarnos profesionalmente, y también crecer como personas."